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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2030

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Todos fijaron su mirada en Darío. En el instante en que cambiara su forma de dirigirse a ellos, se convertiría de manera oficial en un miembro de la familia Espinosa.

—Papá, mamá —Darío se aclaró la garganta y habló con el más profundo de los respetos—: Permítanme servirles la sopa.

—Gracias, Darío.

Sania tomó el tazón y sacó de su bolso unos gruesos Sobres de la Suerte que había preparado de antemano.

—Como se casaron tan de repente y la fiesta será hasta después, este es un pequeño detalle de parte de tu suegro y mío.

...

Darío no se atrevió a aceptarlo de inmediato y miró a Lourdes, que estaba a su lado.

Solo cuando ella asintió, él tomó los sobres con ambas manos.

—Gracias, papá, gracias, mamá.

Acto seguido, le entregó los sobres a Lourdes.

Lourdes los abrió y les echó un vistazo. Parecían cheques.

Y la cifra definitivamente no era pequeña.

—Lourdes tiene a este hombre domado a la perfección —bromeó Sombra mientras mordía una costilla, riendo a carcajadas—. Qué maravilla.

Lourdes se sonrojó.

—Come más, mi amor —dijo Leonardo, ofreciéndole sopa a Sombra en la boca.

...

Sombra lo fulminó con la mirada, pero abrió la boca para tomar la sopa. Por debajo de la mesa, le dio un fuerte pellizco en la cintura.

—Todavía te atreves a hablar. De todos los esposos de esta familia, tú eres el que tiene más privilegios.

—Je.

Leonardo tomó la mano de su esposa, observó sus mejillas infladas por el enojo y sonrió con adoración.

—Nos conocemos desde hace poco tiempo. Tendrás toda la vida para domarme lentamente.

—Ya eres demasiado astuto. —Sombra volvió a mirarlo con recelo—. Todo el tiempo diciendo que Rogelio es un viejo zorro, pero el que anda entre la miel, algo se le pega. Tú también eres un zorro.

...

Leonardo soltó una carcajada sin importarle mantener las apariencias, y le dio un beso en la mejilla.

Sombra, que tenía un espíritu libre, refunfuñó un par de veces.

Pero rápidamente se dejó llevar por la conversación de la mesa y volvió a exigir:

—Mi amor, mi amor, prepárame un poco de esto.

Leonardo sonreía con ternura, resignado.

No es que él se rehusara a ser «domado», es que esta chiquilla sin una pizca de malicia simplemente nunca intentaba controlarlo.

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