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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2098

—Bip, bip, bip—

El sistema de defensa del extranjero resultó ser inútil; fue destrozado por completo.

En el pasado, si alguien lograba entrar a sus servidores, nadie había tenido jamás la habilidad suficiente para robarles sus bases de datos centrales.

Era evidente.

Quienquiera que estuviera del otro lado de la pantalla era un genio monstruoso.

—Tú cargarás con toda la responsabilidad de este desastre —le gritó el extranjero, furioso. Señaló a Leonel con el dedo, se puso de pie, dio un portazo y se largó.

—Yo...

Leonel entró en pánico por un par de segundos. Rápidamente sacó su teléfono y marcó el número de Luciano:

—¡Luciano Jasso, te atreviste a jugar conmigo!

—Así es.

Luciano se encontraba en la sala de control del Proyecto S.R. y esbozó una ligera sonrisa:

—Jugué contigo, ¿y qué vas a hacer al respecto, idiota?

—¡¡¡Luciano Jasso!!!

Leonel apretó el teléfono, con los labios temblorosos:

—¿No tienes miedo de que le cuente a Rogelio Lucero que codicias a Aldana?

Luciano levantó la vista, y articulando cada palabra con calma, respondió:

—¿De verdad crees que él no lo sabe?

—¿Qué? —Leonel se llevó otra sorpresa.

—Rogelio es un viejo zorro, se dio cuenta desde hace mucho —Luciano soltó una pequeña risa impotente—. ¿Crees que a él le importa un demonio?

Sabía perfectamente que Aldana nunca se fijaría en él.

Había decenas de personas enamoradas de Aldana; Luciano dudaba siquiera estar en la lista de espera.

—Tú eres el verdadero traidor a la patria, ni siquiera mereces llamarte ciudadano de Nuboria —dijo Luciano con voz gélida—. Espera sentado, alguien irá a buscarte muy pronto.

¿Quién iría a buscarlo?

Justo cuando Leonel se lo preguntaba, unos policías irrumpieron en el sótano mostrándole una orden judicial:

—Señor Leonel Zepeda, está bajo arresto por sospecha de filtrar secretos de estado y atentar contra la seguridad nacional. Acompáñenos a la comisaría para ser interrogado.

—¡Yo no fui!

Leonel retrocedió, negando frenéticamente con la cabeza:

—Quien vendió los secretos fue Luciano Jasso. ¿Por qué no lo arrestan a él?

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