Lo que siguió fue una masacre.
La suerte de Aldana se volvió aterradora. Wilfredo, Leonardo y Héctor se turnaron para perder una y otra vez.
—Amor, ya no me queda nada —Héctor perdió una mano enorme, se palpó los bolsillos y, al ver que no tenía efectivo, miró a Gilda con cara de perrito regañado.
—Pásame tu código QR —dijo Gilda, sacando su teléfono de la cartera y mirando a Aldana.
—Aquí tienen.
Rogelio mostró de inmediato el código QR de su cuenta bancaria, con una cortesía impecable:
—Gracias por su contribución.
...
Una hora después.
Como llevaba mucho tiempo sentada, Aldana le cedió su lugar a Rogelio en la mesa y fue a caminar un poco hacia el balcón.
—Hermano mayor, ten piedad —le rogó Héctor a Rogelio haciéndole señas en cuanto Aldana se alejó—. Déjame aunque sea un poco para mis gastos personales, te lo suplico.
—Mírate nada más, qué patético.
Rogelio lo fulminó con la mirada y no tuvo compasión en sus palabras, pero durante esa ronda le regaló la victoria a Héctor un par de veces.
Al terminar la partida, Rogelio echó un vistazo alrededor y notó que Aldana no había regresado.
¿Tanto tardaba en ir al baño?
Justo cuando estaba a punto de levantarse para ir a buscarla, la puerta del baño se abrió de golpe.
Aldana, agarrándose a la pared y arrastrando su pesado cuerpo, avanzó lentamente hacia la sala.
Estaba pálida, con la frente perlada de sudor frío, y dijo con un hilo de voz:
—Rompí fuente... ya viene.
«¡¡¡!!!»
Todos los presentes se levantaron de un salto.
La mansión entera se sumió en el caos.
***
En el hospital.
A falta de diez días para la fecha programada, Aldana entró en labor de parto de forma repentina.
El equipo médico a cargo fue convocado de emergencia para preparar la cesárea.
Cuando las familias Espinosa y Lucero se enteraron de la noticia, corrieron al hospital.
Llegaron justo en el momento en que Aldana estaba siendo trasladada a la puerta del quirófano.
—Mi niña, no tengas miedo, la abuela te esperará aquí afuera —le dijo Doña Inés, aferrándose a la mano de Aldana, temblando tanto por la angustia que apenas se sostenía en pie.


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