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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2160

—¡Profesora Carrillo!

Varios miembros del equipo de rescate soltaron sus mochilas de inmediato y, mientras corrían río abajo, gritaron a los de atrás:

—¡Lancen la bengala de auxilio! ¡Que manden a todos los hombres disponibles!

Eran un equipo de rescate profesional; sabían mejor que nadie que sufrir un accidente en ese entorno reducía las posibilidades de supervivencia a casi cero.

—¡Entendido!

Al oír la orden, uno de los profesores sacó rápidamente la pistola de bengalas de su bolso y disparó hacia el cielo.

—¡Fiuuu!

La cegadora luz pirotécnica se elevó hasta las nubes y estalló en el aire con un destello deslumbrante.

—Con una corriente tan violenta, ¿creen que la profesora Carrillo pueda salir con vida?

Los profesores en la orilla intercambiaron miradas; a cada cual más pálido que el otro.

Nadie se atrevió a responder.

—¿Qué demonios te pasa?

El Profesor Silvestre, el mayor de todos, estaba furioso y arremetió contra un Dionisio que aún no salía de su estupor.

—Si te quieres morir, vete bien lejos, ¡pero no arrastres contigo a la profesora Carrillo!

¡Ya no soportaba más a este idiota!

Si hubiera tenido un arma en las manos, ¡le habría metido dos tiros a Dionisio ahí mismo!

—Yo...

Dionisio estaba tan aturdido por los gritos que seguía pasmado en su lugar:

—No fue a propósito, solo fue que...

—No importa si fue a propósito o no; la profesora Carrillo sufrió un accidente por tu culpa.

El Profesor Silvestre temblaba de furia, con las mandíbulas apretadas:

—¡Si a ella le pasa algo, tú asumirás toda la responsabilidad!

—Si le llega a pasar algo a la profesora Carrillo, ¿no crees que Rogelio Lucero pondría la capital entera de cabeza?

Alguien más intervino, y el rostro de Dionisio se descompuso aún más.

Si Aldana realmente perdía la vida por salvarlo a él, Rogelio jamás se lo perdonaría.

—No se queden ahí parados; ayúdennos todos a buscarla.

Sin prestarle más atención al abatido Dionisio, el Profesor Silvestre fue el primero en echar a andar río abajo.

Los demás le lanzaron una mirada despectiva a Dionisio, sacudieron la cabeza con decepción y se apresuraron a seguir al Profesor Silvestre.

A Dionisio le temblaron las piernas y se desplomó en el suelo.

El pánico se apoderó de él:

¿Qué iba a hacer?

Rogelio iba a matarlo.

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