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ME DEJÓ POR SU EXESPOSA... Así que elegí a su jefe. romance Capítulo 2

Capítulo 2. Ilusionada una vez más.

Elena cerró la puerta de su apartamento con la suavidad de quien teme romper algo que ya está hecho añicos.

No encendió las luces. La oscuridad le pareció un abrigo, un refugio donde no tener que verse al espejo ni enfrentar la imagen de la mujer que había dejado el corazón sobre una mesa de mantel blanco.

Se dejó caer sobre la cama, aún con el abrigo puesto, y el teléfono tembló en su mano como un pájaro herido. Lo colocó junto a la almohada, con la pantalla hacia arriba, como si de esa pequeña acción dependiera el resto de su vida.

Y esperó. Un minuto, dos, tres, y así sucesivamente. Pero no pasó nada. La pantalla se oscurecía y ella la tocaba para que volviera a iluminarse, como si así pudiera forzar la llegada de un mensaje, una llamada, cualquier cosa que le dijera que aquella noche no había sido el final.

Pero el teléfono seguía mudo. Y en el silencio de su habitación, las dudas empezaron a trepar por su pecho como enredaderas venenosas.

“¿Y si el error fue mío? ¿Y si pedí demasiado?”

“Tiene hijos, Elena. Son pequeños. Necesitan tiempo para aceptar una nueva figura en su vida.”

“¿Por qué no puedes ser más paciente?”

“¿Por qué tienes que presionarlo tanto?”

Se levantó, caminó hasta el baño y se miró en el espejo. Su maquillaje estaba corrido, los ojos enrojecidos, el labial borrado a medio camino. Se veía frágil. Se veía rota. Se veía exactamente como se sentía.

—Inmadura —susurró hacia su reflejo—. Eso es lo que piensa. Que eres una niña que no entiende que los niños son primero.

Apretó los puños contra el lavabo y sintió el frío de la porcelana penetrarle en la piel. Abrió el chat de W******p, escribió:

"Marcos, lo siento. Fui demasiado impulsiva. Entiendo que los niños son tu prioridad..."

Borró.

Escribió de nuevo: “Perdona si te presioné. No quería..."

Borró otra vez y negó con la cabeza. No podía seguir así.

Dejó el teléfono sobre el lavabo y se apoyó con las dos manos, respirando hondo. No podía escribir eso. No podía disculparse por tener dignidad. No podía pedir perdón por querer ser vista.

Pero el miedo a perderlo era más fuerte que su orgullo.

Volvió a la cama y se recostó sobre la almohada, aún vestida, con el teléfono pegado al pecho. El cansancio emocional la venció antes de que pudiera darse cuenta. Sus ojos se cerraron solos, y el sueño llegó como un castigo piadoso.

*****

La luz de la mañana se coló por la rendija de la cortina cuando Elena despertó. Parpadeó varias veces, desorientada. Su cuerpo estaba entumecido; había dormido en la misma posición durante horas, con el abrigo aún puesto y el teléfono caído sobre la cama.

No recordaba cuándo se había dormido. Solo recordaba el vacío.

Capítulo 2. Ilusionada una vez más. 1

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