Samuel trataba con todas sus fuerzas de buscar en lo profundo de su mente aquel fragmento de memoria perdido.
Pero por más que se esforzaba, simplemente no lograba recordar dónde había visto esas escenas antes.
Sentía como si a su memoria le faltara una pieza.
Imposible de recuperar.
Al ver a Samuel intentando recordar desesperadamente, Fiona supo que su amnesia en realidad no había mejorado. Bajó la mirada para ocultar la decepción en sus ojos.
Cuando volvió a levantar la vista, su sonrisa seguía radiante.
—No te preocupes, Samu. Confío en que tarde o temprano recuperarás esa parte de tu memoria.
»En cuanto a lo que viví en la cárcel, voy a dar una vuelta a Residencial San Jerónimo; ahí debo tener pruebas.
Residencial San Jerónimo era el lugar donde había vivido justo después de salir de prisión.
Después de mudarse con Samuel, solo se llevó sus cosas de uso diario a Costa de la Rivera, pero dejó muchas otras en su antiguo departamento.
Además, hacía tiempo que no iba, así que era buen momento para echar un vistazo.
No iba a permitir que nadie siguiera difamando a Silvia.
Samuel estuvo de acuerdo en que fuera:
—Ve y regresa con cuidado. En cuanto me des las cosas, pondré al departamento de relaciones públicas a trabajar en el comunicado.
—Está bien, voy ahora mismo.
Dicho esto, Fiona tomó su bolso y las llaves del coche, y salió de la casa.
El Porsche negro salió de Costa de la Rivera y se dirigió hacia Residencial San Jerónimo.
Media hora después, el auto se detuvo frente al edificio. Como Silvia estaba en clases, Fiona subió sola.
Ingresó la contraseña, abrió la puerta y, de inmediato, vio a Ofelia sentada en el sofá con una tablet, redactando el borrador para desmentir los rumores.

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