Pero esta vez, esa usuaria llamada «Bianca»... Fiona no sabía si realmente era ella.
Sin embargo, si resultaba ser cierto, sentía que era el momento de sacar a la luz la verdad sobre el accidente de Montevideo junto con los videos de la prisión.
¡Iba a arruinar la reputación de Bianca por completo!
Y de paso, dejaría que Esteban y Pedro vieran qué clase de fichita era la mujer que tanto protegían y valoraban.
—Sin problemas —dijo Ofelia decidida—. Pero sobre lo del accidente en Montevideo, ¿no deberías consultarlo primero con tu futuro esposo?
Al fin y al cabo, quien había anunciado la boda primero fue Grupo Vizcaya Continental.
Aunque la situación se había salido de control y no era lo que él deseaba, todo había comenzado con su anuncio.
Sin la noticia de la boda, la opinión pública no habría explotado de esta manera.
—Olvídalo, deja que él se encargue de lo del accidente —dijo Fiona, recordando lo que él le había dicho antes de salir de Costa de la Rivera—: Él está esperando que le lleve las pruebas para aclarar todo.
Ofelia acercó la laptop que estaba en la mesa, inició sesión en la cuenta de redes sociales y programó la publicación.
Luego, hizo una copia de los videos de seguridad para Fiona, para que se los llevara a Costa de la Rivera.
Fiona se despidió y se marchó.
Al regresar a casa, vio que Samuel la estaba esperando. Le entregó el USB directamente en la mano.
—Aquí tienes la evidencia que pediste.
»Por cierto, Samu, ¿recuerdas el accidente de Montevideo en el que se coludieron Bianca y Raimundo? Creo que es hora de que se sepa toda la verdad.
Al escuchar esto, Samuel arqueó una ceja, sorprendido:
—¿Crees que esa usuaria es realmente Bianca?
El nombre de usuario era literalmente «Bianca».

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