—No estoy de humor para bromas. —Samuel frunció el ceño, sintiendo que la situación era cada vez más extraña—. ¿Tienes noticias sobre la familia de Luciano?
—La desaparición de Luciano es un hecho confirmado. Su hija Yolanda ya regresó al país y dio parte a la policía para buscarlo. En cuanto a su esposa... escuché que se acaban de divorciar y que actualmente está en la cárcel por el secuestro de Fiona, en el mismo reclusorio que Raimundo.
¿Raimundo?
Hacía mucho que no escuchaba ese nombre.
¿Será que este asunto también tiene algo que ver con él?
Samuel sospechaba cada vez más.
Su silencio puso a Israel en alerta máxima.
—Samu, ¿pasó algo malo? —preguntó con cautela.
—El juicio entre Bianca y Fiona terminó. Fiona perdió. Le dieron tres años, sentencia suspendida, pero si no encontramos nuevas pruebas, tarde o temprano Fiona tendrá que entrar.
Samuel se masajeó el entrecejo, que le palpitaba de dolor.
—Bianca se acaba de casar con Luciano, toda su confianza viene de él. Si encontramos a Luciano, tendremos cómo controlarla.
Eso lo había notado el día de la boda, por la actitud de Luciano hacia ella.
Según sus observaciones, Luciano mostraba cierto desdén hacia Bianca ese día; el poder real debía estar en manos de él.
Y no en las de Bianca.
Lo que no entendía era por qué Luciano había desaparecido tan misteriosamente.
Ni siquiera podían encontrarlo.
—Déjamelo a mí, yo te ayudo a investigar —dijo Israel, entendiendo su intención—. Somos hermanos, cuenta conmigo.
—Gracias. Si sabes algo, avísame.
Al colgar, Samuel regresó al lado de Fiona.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera