Pero todo lo que Bianca tenía ahora se lo debía a Luciano.
¿Por qué haría algo así?
Fiona le daba vueltas al asunto y no le encontraba sentido.
—¿Crees que haya sido Bianca? —preguntó.
Luciano no desaparecería sin razón.
Algo tuvo que haber pasado.
—Yo también sospecho de ella —coincidió Samuel—. Pero sin pruebas ni fundamentos, ¿cómo vamos a acusarla?
Los tribunales y la fiscalía solo miran las pruebas.
Sin evidencia, todo son conjeturas que no valen de nada.
Aunque ella fuera la principal sospechosa, sin pruebas, la policía no podía arrestarla.
Fiona bajó la mirada, frunciendo el ceño con preocupación.
—¿Sabes dónde está recluida la esposa de Luciano?
—En el Penal Femenil del Oeste, el mismo donde está Raimundo.
Solo que uno estaba en el área femenil y el otro en la varonil.
—¿Puedes llevarme a verla? —preguntó Fiona de repente.
Sentía que visitar a Paula Serrano, la exesposa de Luciano, podría darle pistas que no encontraría afuera.
Quizás Paula sabía algo que ellos ignoraban.
Samuel frunció el ceño, sorprendido por su decisión.
—¿Por qué quieres verla?
¿Acaso esperaba que Paula supiera algún secreto?
—Solo pienso que, siendo la exesposa de Luciano, tal vez sepa algo. —Fiona se aferraba a cualquier esperanza—. De todos modos, la policía no tiene pistas. ¿Por qué no vamos a probar suerte?


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