Fiona lo miró a los ojos. Si ya quería a otra persona, ¿cómo podía decirle algo así?
—La responsabilidad es para dos personas que se quieren. Lo de esta noche... haré como si no hubiera pasado nada.
Antes de que terminara la frase, él la sujetó por la barbilla.
—Te he visto entera —su voz era un susurro grave—. ¿De verdad crees que puedes hacer como si no hubiera pasado nada?
—Yo sí puedo. Espero que el señor Flores también.
Su tono era frío, sin emoción. Él soltó una risa ahogada.
—No sabía que la señorita Santana fuera tan generosa. ¿Qué crees que pensaría Esteban si se enterara?
Fiona le apartó la mano y se sentó en la cama. Él también se incorporó y se sentó a su lado, observándola.
—No se lo diga —su voz denotaba un claro nerviosismo.
—O me ruegas, o me besas. Elige.
Una sonrisa juguetona apareció en el rostro del hombre. El corazón de Fiona se hundió. Si lo besaba, su relación se complicaría aún más. Los besos anteriores habían sido accidentales, pero ahora, en su sano juicio, no podía hacer algo tan impulsivo. Además, si Esteban se enteraba, no la dejaría en paz, y el divorcio se volvería imposible. Y si alguien la veía salir de esa habitación... sería un escándalo. No quería que las cosas llegaran a ese punto. En esa situación, ella estaba en desventaja. Quizás ceder un poco no era tan mala idea.

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