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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 184

—Sí —asintió Fiona—, pero no tengo cita. He venido por un asunto imprevisto.

La joven de pelo liso frunció el ceño.

—No parece una clienta. Nuestro presidente no recibe a nadie que no sea cliente. ¿Quién es usted?

Fiona se sintió en un aprieto.

Ella y Esteban estaban a punto de divorciarse, y no le parecía apropiado usar su estatus en ese momento.

Además, la palabra "familia" era demasiado llamativa.

Tras un momento de vacilación, dijo con calma:

—Soy una amiga suya.

—Lo siento, pero todos los días vienen muchas mujeres diciendo que son "amigas" de nuestro presidente. Si no tiene cita, no puedo dejarla subir. ¿Por qué no lo llama?

La semana pasada, una revista de finanzas publicó una foto de Samuel, y desde entonces, no paraban de llegar mujeres que decían ser sus amigas.

La situación era un incordio para las recepcionistas.

Fiona miró a la joven de pelo liso, con una expresión grave.

No se le había ocurrido que se quedaría atascada allí.

La joven, por su parte, la miraba con aire de superioridad, como si se burlara de ella.

Fiona se dio cuenta de que su comportamiento había sido algo impulsivo.

Le sonrió a la joven.

—Bueno, no importa. Ya lo buscaré en otro momento.

—Señorita…

Apenas se dio la vuelta, la voz de la joven sonó a sus espaldas, con un tono más despectivo y arrogante que antes.

Fiona se giró.

—¿Sí?

—Por favor, no vuelva a venir. Nos ahorra trabajo —dijo la joven con sorna—. Nuestro presidente no es una persona superficial. ¿Cree que con esos trucos va a poder seducirlo?

Al oír eso, Fiona comprendió a qué se refería.

—No pasa nada, señor Guerrero. Solo vine a buscar a Samuel por un asunto, pero no le avisé, por eso el malentendido.

Israel, al verla más tranquila, sonrió.

—Entonces sube conmigo. Tengo una reunión en el departamento de proyectos.

—De acuerdo, gracias, señor Guerrero.

Fiona e Israel entraron en el ascensor, uno detrás del otro.

Israel pulsó dos botones y se giró hacia Fiona.

—Samu está en el último piso, el treinta y ocho. Tengo cosas que hacer, así que no te acompaño.

—No se moleste, señor Guerrero. Puedo subir sola.

Israel asintió y cambió de tema.

—Señorita Santana, he oído que el otro día Bianca también le puso algo en la bebida.

Fiona se sorprendió. No esperaba que la conversación saltara de la oficina de Samuel a lo de la droga.

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