La mano de Fiona, que sostenía su bolso, se detuvo por un instante. Tras unos segundos, dejó el celular y el bolso sobre la mesa.
—Aún no me ha dicho nada. Le preguntaré esta noche.
—Pues date prisa, no lo dejes pasar más tiempo —dijo Ofelia, preocupada—. Samuel está muy ocupado, y con tanto trabajo, es posible que se olvide de tu asunto.
—De acuerdo, lo tendré en cuenta.
Cuando Fiona se dirigía al segundo piso, Ofelia la llamó de nuevo.
—Fiona, ¿dónde estuviste anteanoche? Me enviaste un mensaje muy tarde diciendo que no volvías. Para entonces, yo ya estaba dormida.
La espalda de Fiona se puso rígida. Anteanoche había sido la noche en que se emborrachó y se quedó en casa de Samuel. Recordaba vagamente haberle enviado un mensaje a Ofelia, pero no con claridad. ¿Cómo iba a contarle la locura de esa noche?
—Se me hizo muy tarde en la clínica, por eso no volví —dijo, intentando sonar tranquila.
—¿Ah, sí? —Ofelia la siguió, curiosa—. ¡Pensé que estabas con Samuel! Por eso no quise molestarte. ¿Así que no estabas con él?
—No, claro que no. ¿Cómo iba a estar con él? —negó Fiona.
—Algo no me cuadra… —dijo Ofelia, mirándola fijamente—. De verdad, siento que algo no va bien.
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