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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 254

—¿Qué has dicho? —preguntó Esteban, mirando a Fiona con incredulidad—. ¿Que ella envió a alguien para matarte? ¡Eso es imposible! No digas tonterías…

—Si de verdad crees que estoy mintiendo, ¿por qué no vas y se lo preguntas tú mismo? Aunque, conociendo a la señorita Morales, seguramente lo negará. Quizás hasta intente echarme la culpa a mí, diciendo que la estoy difamando.

Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Fiona.

—Bianca es una chica tan dulce. ¿Cómo podría hacer algo así? ¡Me parece mucho más probable que seas tú la que está mintiendo!

El rostro de Esteban estaba tenso por la ira, su ceño cada vez más fruncido.

—Sabía que la defenderías. ¡Cómo me arrepiento de no haber grabado nuestra conversación cuando me enfrenté a ella!

La frustración era palpable en la mirada de Fiona.

Esteban, sin embargo, se mantuvo del lado de Bianca.

—Lo del prendedor fue mi error, no tiene nada que ver con Bianca. Además, ya ha pagado un precio muy alto por ello. ¡Deja de darle vueltas al asunto!

—Ese sermón no deberías dármelo a mí, sino a la señorita Morales. Mientras ella no me provoque ni intente tenderme una trampa, no pienso meterme con ella.

Fiona bajó la voz, pero su mirada furiosa no vaciló.

—¿Ese infeliz de Esteban vino otra vez?

De repente, una voz cargada de ira resonó desde la entrada. La espalda de Fiona se tensó al instante.

Era Ofelia Soto.

—Están adentro —respondió la voz de Thiago.

Esteban caminó rápidamente hacia la puerta y la abrió, encontrándose de frente con una Ofelia furiosa que entraba como un torbellino.

—¿Cómo me has llamado? ¿Infeliz? —preguntó Esteban con el ceño fruncido, la ira bullendo en sus ojos.

—¿Y tú qué te metes? —espetó Esteban, fulminando a Thiago con la mirada y alzando la voz.

—Si te atreves a tocarla, primero tendrás que pasar por encima de mí.

Al ver a Thiago enfrentarse a Esteban, Fiona no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro. Solo le faltaba llevar un letrero que dijera: «No toques a la mujer que me gusta».

—Vaya gente de la que te rodeas, un ambiente de lo más tóxico… —dijo Esteban, volviéndose hacia Fiona con una mirada gélida.

Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó.

Ofelia, enfurecida, le gritó:

—¡Tóxico tú! ¡Tóxica toda tu familia!

Pero la figura del hombre ya había desaparecido por la puerta.

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