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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 255

—Insúltalo a él todo lo que quieras, pero ¿por qué metes a toda su familia? ¡Fiona todavía no se ha divorciado! No es apropiado que los insultes a todos —le susurró Thiago a Ofelia, tirando suavemente de su brazo.

Ofelia se soltó bruscamente.

—¡No se han divorciado, pero ya no viven juntos! Y si sigues molestando, te insultaré a ti también.

Thiago miró a Fiona con cara de inocente.

—Fiona, ¿no vas a controlarla? Cada día está más brava. ¿Quién va a aguantar este carácter?

—No te preocupes, con que tú la aguantes es suficiente —respondió Fiona con seriedad, aunque una sonrisa divertida se extendía por su rostro.

Ofelia y Thiago se miraron fugazmente y apartaron la vista al instante.

—¡Fiona, no digas tonterías! —exclamó Ofelia, acercándose y cerrando la puerta de la sala de descanso.

Fiona frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué haces aquí de repente?

—Tenía una entrevista cerca y, al pasar, vi el carro de ese miserable. Por eso entré a ver qué pasaba.

El pecho de Ofelia todavía subía y bajaba por la agitación.

—Ya, tranquilízate —dijo Fiona, pasándole una mano por la espalda para calmarla—. Si te enojas te salen arrugas, y luego, ¿cómo vas a conquistar a un galán como Thiago?

—¡Fiona! ¿Otra vez bromeando conmigo? —replicó Ofelia en voz baja, fulminándola con la mirada.

—No bromeo. A Thiago le gustas, es alto, guapo y muy trabajador. No te dejes engañar porque ahora esté en mi pequeña clínica; te aseguro que tiene el talento para llegar a un gran hospital en la ciudad.

Al oír el alboroto, Fiona se levantó de un salto, guardó rápidamente el dije de jade en el fondo de un cajón, y tras asegurarse de que no había dejado ninguna pista a la vista, se quitó el delantal.

Los pasos se acercaban. Un momento después, la figura del hombre apareció en la puerta del ático. Fiona levantó la vista y sus miradas se encontraron.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, intentando disimular su nerviosismo mientras fingía ordenar el taller.

El rostro del hombre se ensombreció. Cerró la puerta y se acercó a ella a grandes zancadas.

—¿Por qué tenías el celular apagado?

La mano de Fiona, que sostenía un trapo, vaciló un instante. Cuando trabajaba en la restauración, no le gustaba que la interrumpieran, así que solía apagarlo por costumbre.

¿Había venido hasta aquí solo porque no había podido contactarla?

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