Su mirada era un témpano de hielo.
—Estaba sola. No hablaba con nadie, probablemente has visto mal.
—Fiona, ¿no me digas que te estás viendo con alguien aquí?
El hombre dio un paso hacia ella, obligándola a retroceder. Y otro más. Sin darse cuenta, se vio acorralada contra el enorme árbol. Él apoyó una mano en el tronco, su rostro grave a escasos centímetros del de ella.
—Mis espías me dicen que últimamente te ves mucho con mi tío. La persona con la que estabas, ¿no sería él?
Fiona temió que, si seguía con el tema, terminaría por enfurecer al hombre que se escondía detrás del árbol. Levantó la vista, su mirada fría y desafiante.
—¿Qué pasa? ¿No tuvieron suficiente con el numerito de antes? ¿Quieren seguir buscando problemas?
La mención del incidente ensombreció el rostro del hombre.
—En lugar de estar con tu amiguita, ¿qué haces aquí molestándome? —espetó Fiona con una sonrisa gélida.


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