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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 367

—Ve a cenar. Por la noche iré a la Residencial San Jerónimo a aclarar este asunto.

Esteban intentó apartar al niño, frunciendo el ceño.

—¡Gracias, papá! ¡Sabía que eras el mejor! —exclamó Pedro, abrazándolo aún más fuerte.

Antes de que Fiona fuera a la cárcel, su hijo era muy apegado a ella. En tan solo unos años, las cosas habían cambiado drásticamente…

Nunca antes se había dado cuenta de lo conflictiva que podía ser Fiona.

Ya se había metido con Bianca, ¡y ahora ni siquiera dejaba en paz a su propio hijo!

Esa afrenta era difícil de tragar, no solo para Pedro, sino también para él.

Después de cenar, subió a su habitación, se cambió de ropa, tomó los papeles del divorcio que estaban sobre la mesa y salió en su carro.

***

Media hora después, en la Residencial San Jerónimo.

Ofelia había salido a pasear con Silvia. Orlando tenía que quedarse a cuidar a un paciente esa noche y no volvería a casa.

Fiona estaba sola en el tercer piso, restaurando el jarrón antiguo de Esteban.

De repente, oyó unos golpes fuertes en la puerta de abajo.

Dejó el jarrón a un lado y bajó rápidamente.

Al abrir la puerta, vio la figura que estaba de pie frente a ella.

Su mirada se posó en el documento que sostenía en la mano: los papeles del divorcio.

—Podrías haber mandado a tu asistente a traer esto. No era necesario que el señor Flores se molestara en venir personalmente.

El tono de Fiona era una mezcla de frialdad y despreocupación, y su rostro era una máscara de indiferencia.

Fiona se acercó al sofá con paso lento y le arrojó el acuerdo de divorcio.

A partir de ese momento, ya no eran oficialmente marido y mujer; estaban en el período de reflexión.

—Dentro de treinta días, espero que el señor Flores cumpla con su obligación y me acompañe al registro civil a formalizar el divorcio. —Fiona se recostó en el respaldo del sillón, con el rostro sombrío—. Si no tienes nada más que hacer, por favor, retírate…

Antes de que Fiona pudiera terminar, él la interrumpió.

—Acabas de firmar y ya me estás echando. ¡Eres increíble!

—¿Y qué esperabas? ¿Que en nuestra situación actual te invitara a tomar un té? —preguntó Fiona con una sonrisa cada vez más gélida y una voz cargada de frialdad.

—¿No piensas darme una explicación razonable de lo que pasó hoy en la escuela? —dijo Esteban sin rodeos.

***

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