Al oír eso, ella levantó la vista de golpe y sus miradas se encontraron.
En los ojos del hombre, vio una frialdad que nunca antes había percibido.
«Seguro que Pedro fue a quejarse con él».
—Así que traer los papeles del divorcio era solo una excusa. El verdadero motivo era venir a pedirme cuentas, ¿no? —dijo Fiona con una sonrisa sarcástica, mirándolo fijamente.
—Pedro es nuestro hijo. Aunque estemos divorciados, tú lo llevaste en tu vientre durante nueve meses. ¡Y te atreves a referirte a él como "alguien más" mientras tratas al hijo de otra como si fuera de tu familia! —Esteban soltó una risa ronca—. ¿No te parece absurdo?
Al escuchar sus palabras, Fiona frunció el ceño.
Así que Pedro había oído su conversación con Silvia en el pasillo.
—¡Y delante de todo el mundo lo obligas a disculparse! Aunque sea un niño, tiene su orgullo y su forma de pensar. Si lo tratas así, ¿no temes que un día se vuelva en tu contra?
«¿En mi contra?».
Al oír esas palabras, Fiona no pudo evitar reírse.
Su familia ya se había vuelto en su contra. Desde el momento en que la enviaron a la cárcel, estaban destinados a no volver a ser una familia.
—No me importa. De todas formas, ya no espero nada de él. Cuando nos divorciemos oficialmente, él se quedará contigo y yo no tendré que criarlo. Así que, ¿qué más da si se vuelve en mi contra o no?
*¡Pum!*
Apenas Fiona terminó de hablar, el hombre golpeó la mesita de centro con fuerza y se levantó de un salto.
Apoyó las manos en el cristal de la mesa y la miró desde arriba.
—¡Fiona! A veces dudo seriamente que sea tu hijo.
El gesto no la asustó, solo la dejó perpleja por un momento.
Tras un instante, respondió en voz baja:



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera