—Claro, lo que tú digas.
La voz de Samuel era excepcionalmente suave mientras la miraba con una media sonrisa.
Fiona lo fulminó con la mirada y señaló hacia la puerta.
—Señor Flores, será mejor que te vayas. Si Orlando termina de ducharse, seguro bajará otra vez.
—¿Y ese cuándo se va a largar?
En los ojos de Samuel se adivinaba un dejo de molestia.
Fiona vio en su mirada un claro destello de celos.
Bajó la mano y sonrió con frialdad.
—¿Qué pasa? ¿Estás celoso, señor Flores?
—Pensar que viven todo el día bajo el mismo techo… la verdad es que me revienta.
Fiona le lanzó una mirada de advertencia, pero no dijo nada.
De repente, Samuel se inclinó y le dio un beso ligero en los labios.
Tras soltarla, se dirigió a la puerta sin mirar atrás.
—Me voy.
Cuando la espalda del hombre desapareció por el umbral del baño, Fiona se quedó rígida por un instante.
Irse, pero no sin antes robarle un beso.
Su situación se parecía cada vez más a la de un par de amantes.
***
Al día siguiente, por la tarde.
Ofelia no tuvo tiempo de ir por la niña, así que al final fue Fiona quien recogió a Silvia.
Cuando Silvia vio a Fiona, no pudo ocultar su sonrisa.
—¡Fiona, qué bueno que viniste por mí hoy! ¡Estoy tan feliz!
Extendió sus bracitos y se abrazó a la pierna de Fiona.
Fiona sonrió y, justo cuando iba a responder, una voz abrupta se le adelantó:
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