Fiona seguía sin decir nada, con una expresión de querer hablar pero no saber qué decir.
Ofelia le dio un codazo en el brazo.
—¡Anda, di algo! Me vas a matar de la curiosidad…
—Creo que no deberías ser periodista, deberías ser psicóloga.
Fiona le respondió muy seria y se levantó del sofá.
Al escuchar sus palabras, la sonrisa en los labios de Ofelia se hizo cada vez más grande.
Viendo cómo Fiona se alejaba, la persiguió con la pregunta.
—Parece que adiviné, ¿verdad? ¡Qué bárbara eres! Lograste dominar a un pez gordo como él. ¿No quieres darme un par de consejos? Ya me dieron ganas de tener novio…
Fiona se detuvo de golpe y se giró para mirar a Ofelia, que seguía en el sofá.
Esbozó una leve sonrisa.
—Tú no necesitas trucos, un galán como Thiago vendrá a ti por sí solo…
—¡No digas tonterías, entre él y yo no hay nada de nada!
Ofelia se levantó rápidamente y subió las escaleras.
—¿Y por qué te pones roja?
—¡No estoy roja! Viste mal.
Fiona la vio huir y su sonrisa se hizo más intensa.
Al día siguiente, por la mañana.
Cuando Fiona llegó a la clínica, vio a varios pacientes cuchicheando entre ellos. No sabía de qué hablaban.
Pero estaba segura de que el tema de conversación era ella.
Fingió que estaba acomodando medicamentos y se acercó un poco con curiosidad.
Y así, su conversación llegó a sus oídos.
—Oí que es su hija ilegítima, que la tuvo con otro hombre y que el exmarido ni enterado.
—¿No me digas? ¡Una doctora tan seria y resulta que por detrás es toda una fichita!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera