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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 403

—Algo así. Por lo menos hasta que tenga el acta de divorcio en mis manos, tendremos que vernos menos.

Fiona la miró, su voz sonaba grave.

Ofelia se acercó de repente y preguntó con una sonrisa:

—¿Y el señor Flores está de acuerdo?

La mano de Fiona, que estaba moviendo las cosas, se detuvo por un instante.

Dijo con calma:

—Todavía no se lo he dicho, y no me atrevo a decírselo. Me da miedo que se involucre demasiada gente y que tarde o temprano se descubra todo.

Ofelia asintió levemente, sin decir nada más.

Tardaron unos diez minutos en meter todas las cajas en la casa.

—Fiona, ¿quién te regaló tantas cosas? ¡Este vestido se ve precioso!

—Y estos zapatos también están muy bonitos.

Silvia Ríos estaba de pie frente a las cajas de regalo, mirando todo con una expresión de alegría en su rostro.

—Todo esto se lo regaló tu padrino a Fiona…

Fiona ni siquiera tuvo tiempo de responder, pues Ofelia se le adelantó.

—¿En serio? —Silvia levantó la vista, mirando con sorpresa a Fiona—. Fiona, ¿el padrino te quiere conquistar? ¿Van a andar juntos?

Al oír esto, tanto Fiona como Ofelia se quedaron atónitas.

Aunque Silvia no era muy grande, era muy lista y captó la situación de inmediato.

Ofelia preguntó con curiosidad:

—Silvia, la señorita quiere preguntarte algo…

—Claro. —Silvia se giró hacia Ofelia—. ¿Qué quieres preguntarme, Ofelia?

Fiona las escuchaba hablar y sentía cómo su corazón se hundía poco a poco.

Cuando la niña subió a dormir, se giró hacia Ofelia.

—No vuelvas a decirle esas cosas a la niña. Entre él y yo todavía no hay nada concreto. ¿Cómo se te ocurre hablar de que vamos a estar juntos?

—Que estén juntos es solo cuestión de tiempo, ¿no? Además, ya han llegado a este punto, ¿cómo puedes decir que no hay nada concreto? Si no me equivoco, en esta relación, la que lleva la ventaja eres tú, ¿verdad?

Fiona la miró en silencio, sin decir una palabra.

Con solo una mirada, Ofelia entendió lo que pensaba.

—Que estén juntos solo depende de que tú lo decidas. ¡No me digas que me equivoco!

Al escucharla, Fiona no supo si reír o llorar.

No había dicho nada, pero parecía que Ofelia lo sabía todo…

***

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