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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 415

La noche en que Fiona finalmente entendió sus propios sentimientos, no pudo dormir.

Al día siguiente, al amanecer.

Apenas el cielo comenzaba a clarear, Fiona tomó un taxi y se fue de Costa de la Rivera.

Cuando Samuel se despertó y no vio a Fiona, bajó a buscarla, solo para que Helena le dijera, para su sorpresa, que ya se había ido.

—¿Se fue? —preguntó Samuel, algo sorprendido—. ¿A qué hora?

—Como a las seis de la mañana. Yo me acababa de levantar y pensaba saludarla, pero se fue con mucha prisa, así que no nos cruzamos. Solo alcancé a verla de espaldas.

Al escucharla, la mirada de Samuel se tiñó de una frialdad palpable.

La última vez que estuvieron juntos, ella se fue en mitad de la noche. Pensó que esta vez al menos podrían desayunar juntos, pero al despertar, de nuevo, no estaba.

*Ja*.

¿Qué era lo que esperaba?

¿No debería estar ya acostumbrado?

Una sensación agridulce le invadió el pecho y tardó mucho en disiparse.

Al llegar a la oficina, pensó en llamarla, pero al final descartó la idea.

Al mediodía, Israel tenía que venir a hablar con él sobre un nuevo proyecto. Cuando entró en su oficina con el contrato en la mano, lo encontró con una expresión extremadamente sombría.

—¿Qué te pasa? ¿Quién te hizo enojar ahora?

Israel se sentó en el sofá, dejó el contrato sobre la mesita de centro, cruzó las piernas y lo miró con curiosidad.

Samuel sacó un cigarro, se lo llevó a los labios y lo encendió. El humo envolvió su rostro al instante.

Tras un largo silencio, respondió en voz baja:

—Quiero preguntarte algo.

Al ver su seriedad, Israel analizó:

—Está bien, no más bromas. La verdad es que tu pregunta no es tan difícil de responder. Solo hay dos posibles razones.

—Habla.

Samuel sacudió la ceniza del cigarro, su mirada cada vez más fría.

—La primera razón es simple: la mujer no ama al hombre, pero mantiene esa relación ambigua con él, probablemente porque lo considera un buen compañero de cama.

Al escuchar esto, las pestañas de Samuel temblaron ligeramente.

Israel, por supuesto, notó la sorpresa fugaz en sus ojos.

Samuel respiró hondo y luego preguntó:

—¿Y la segunda razón?

***

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