Preguntó con curiosidad:
—¿Samuel acaba de estar aquí?
—¡Sí! Le dije que habías ido a la mansión de los Flores y salió disparado para allá. Parecía que quería verte urgentemente, como si no pudiera esperar ni un segundo.
Al escuchar la explicación, Fiona sintió que el corazón se le caía a los pies.
Entonces, el hombre que vio mientras esperaba el semáforo no era otro, realmente era Samuel.
Con razón le había parecido tan familiar.
En todo se parecía a él.
—¿Por qué no le llamas? Igual y logras que regrese.
Ofelia señaló instintivamente el celular de Fiona.
—Va.
Fiona sacó su celular, pero se dio cuenta de que no tenía batería.
—Usa el mío.
—Su número privado normalmente no acepta llamadas de números desconocidos, no servirá de nada.
Ofelia suspiró con resignación.
—¡Pues parece que hoy el destino no quiere que se vean! Ni el cielo ayuda...
Una sonrisa amarga apareció en el rostro de Fiona.
Tomó el cargador, conectó el teléfono y dijo con calma:
—No pasa nada, no hay prisa.
Ofelia asintió y no dijo más.
Media hora después, en la mansión de los Flores.
Samuel estacionó el carro, pero no vio el vehículo de Fiona, y una inquietud comenzó a crecer en su interior.
¿Se habrá ido ya?
Esteban justo salía por la puerta.
—Tío, ¿qué haces aquí de regreso?
Samuel reprimió su inquietud y dijo en voz baja:
—Vine a ver al viejo, hoy es su revisión, ¿no? ¿Ya vino Fiona?
—Vino, pero ya se fue. A estas alturas ya debe haber llegado a su casa.
El tono de Esteban era despreocupado.
Al escuchar esto, el rostro de Samuel se oscureció por completo, y la mano con la que sostenía las llaves se detuvo un instante.
Ya habrá tiempo.
Samuel se dio la vuelta para irse, pero algo cruzó por su mente y miró al hombre detrás de él.
—Por cierto, ¿tú y Fiona están por recibir el acta de divorcio?
Esteban se quedó atónito.
¿Por qué tanto su tío como Fiona le sacaban el mismo tema el mismo día?
¿No era demasiada coincidencia?
Esteban asintió mecánicamente.
—Así es. Faltan cinco días para recoger el acta.
Samuel lo miró inexpresivamente y se dio la vuelta; una chispa de alegría brilló en el fondo de sus ojos.
¿Finalmente llegaba ese día?
Probablemente, para cuando regresara de Estados Unidos, ellos ya no serían esposos...
Perfecto.
Todo marchaba tal como él lo había imaginado.
***

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