Una hora después, en Grupo Vizcaya Continental.
Samuel estaba en su oficina revisando documentos cuando Lucas entró con una tablet en la mano.
Últimamente, Lucas había estado siguiendo a Fiona; o más bien, vigilando a los hombres que la rodeaban.
—¿Por qué regresaste tan temprano hoy? —Samuel dejó los documentos y levantó la vista hacia Lucas.
Lucas le entregó la tablet: —Hoy la señorita Santana fue a la mansión Menchaca. Esteban andaba por la zona y se toparon...
Samuel bajó la mirada hacia la pantalla, donde se reproducía un video.
Lo abrió y observó con atención.
En el momento en que Raimundo abrazó a Fiona, la mano de Samuel apretó la tablet con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
¡Qué agallas!
De verdad se atrevía a codiciar lo que era suyo...
Siguió mirando. Esteban apareció en el cuadro y, al final, Fiona le soltó una patada.
Al ver esa escena, las comisuras de los labios del hombre se curvaron levemente hacia arriba.
El ángulo de grabación era lejano, y aunque no sabía de qué habían hablado, por los movimientos de Fiona era evidente que su «sobrino» la había hecho enojar.
Nunca la había visto así...
—¿Qué le dijo ese Raimundo? ¿Por qué se le fue encima así?
Samuel dejó la tablet sobre el escritorio y miró fijamente a Lucas.
—Parece que estaba... —Lucas ordenó sus pensamientos antes de hablar en voz baja—: Declarándosele a la señorita Santana.
Al escuchar eso, el rostro de Samuel se oscureció al extremo.
Parecía que su relación debía avanzar de una vez.
Si dejaba que Raimundo siguiera haciendo de las suyas, tarde o temprano le comería el mandado.
—¿Ella ya se fue a su casa?
Samuel clavó sus ojos en Lucas, con una mirada gélida.
Se llevó el teléfono al oído: —Señor Flores...
—Estoy afuera. Abre.
Antes de que pudiera responder, él colgó.
La mano de Fiona, que sostenía el celular, se quedó inmóvil por un instante.
¿Qué hacía él aquí de repente?
Bajó rápidamente las escaleras. Apenas abrió la puerta del jardín, vio al hombre parado allí.
Samuel no dijo una palabra; entró directamente y cerró la puerta tras de sí.
—Es muy tarde, ¿por qué viniste así de la nada?
Fiona lo miró con curiosidad mientras él entraba a la casa como si fuera la suya.
Samuel respondió sin voltear: —Pasaba por aquí, entré a verlas...
Ya en la sala, el hombre miró a su alrededor: —¿Estás sola? ¿Dónde están Ofelia y Silvia?

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