Fiona respondió sin dudar: —Silvia ya se durmió. A Ofelia le salió un viaje de trabajo de imprevisto; después de traer a la niña se fue a la estación, ya debe ir en camino.
—De viaje, ¿eh?...
Samuel se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia ella, paso a paso.
Al ver que se acercaba, Fiona se quedó pasmada: —¿Qué haces?
Samuel siguió avanzando y ella retrocedió hasta que no tuvo escapatoria y cayó sentada en el sofá.
El hombre apoyó las manos a ambos lados de ella, mirándola desde arriba: —¿Tú qué crees?
Su voz era suave, pero cargada de una atmósfera innegablemente ambigua.
Al escucharla, el corazón de Fiona se aceleró sin razón aparente.
Miró sus ojos y parpadeó nerviosa.
Por un momento, no supo qué responder.
El deseo intenso en la mirada de él quedó grabado en sus retinas.
—Señorita Santana, escuché que hoy fue a la mansión Menchaca. ¿Y que hasta se abrazó con ese tipo?
Cuando Samuel bajó la mirada hacia ella, sus ojos se oscurecieron y su tono adquirió un matiz peligroso.
Fiona se quedó atónita un instante.
Unos segundos después, preguntó con cautela: —Samuel, ¿otra vez mandaste a alguien a vigilarme?
El tono del hombre fue significativo: —No diría vigilar. Solo me protejo de cierta gente, para que no me roben lo que es mío cuando no estoy mirando...
Aunque no dijo nombres, Fiona entendió perfectamente.
Se refería a Raimundo.
—Piensas demasiado. No me gusta él, ¿cómo crees que dejaría que fácilmente me...?
«Robara».
Se guardó esas últimas palabras.
Antes de que Fiona pudiera terminar, el hombre la interrumpió tajante: —Matrimonio.
Ella se quedó helada.
Jamás imaginó que el «lugar» que él pedía era el de esposo.
Samuel le tomó el rostro entre las manos y dijo con seriedad: —Quiero que te cases conmigo.
Las pestañas de Fiona aletearon frenéticamente.
Acababa de escapar de un matrimonio, ¿y Samuel ya le proponía otro?
En este momento, no podía casarse con nadie.
Ni siquiera con él...
Fiona le quitó las manos de su cara rápidamente.
Le dijo muy seria: —¿Estás bromeando? Apenas tengo el acta de divorcio desde hace unos días. ¿Tanta prisa tiene el señor Flores? Ni siquiera somos novios, ¿y ya quieres ir al Registro Civil? ¿No te parece ridículo?

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