¿Así que de verdad no había tenido otras mujeres antes? Eso le pareció muy extraño; Samuel era un hombre muy cotizado, ¿por qué habría elegido la soltería todo ese tiempo?
—Samuel, ¿por qué no tuviste novia antes?
Al final, soltó la duda que traía.
Él hizo una pausa con el vaso de leche en la mano. Tardó unos segundos en responder.
—Antes estaba enfocado en el negocio, no tenía cabeza para cosas sentimentales. Y hay otra razón importante: nunca había conocido a alguien que realmente me moviera el tapete…
Lo que daba a entender era que ahora sí la había encontrado. Con razón Daniela, tras años de perseguirlo, no había logrado nada. Probablemente porque él era un hombre de principios; si no sentía algo real, no empezaba nada a la ligera.
Dicen que los de las grandes familias son intensos cuando se enamoran. Y esa frase le quedaba como anillo al dedo a este hombre.
***
Después de salir de Costa de la Rivera, Fiona regresó a la clínica. Por suerte no había muchos clientes, así que por la tarde siguió buscando locales. Alrededor de las cinco, finalmente apartó uno que no estaba muy lejos de la clínica.
Comparado con la clínica, este local era más pequeño, de una sola planta. Aunque no era enorme, tenía un estilo antiguo muy bonito. El dueño anterior vendía antigüedades y lo traspasó porque iba a expandir su negocio.
Fiona tardó cinco días en arreglar todos los trámites y trasladó algunas de sus obras desde el ático de Residencial San Jerónimo al nuevo local.
Después de unas remodelaciones, el lugar ya tenía forma. Como ella tenía que estar en la clínica atendiendo, contrató a un empleado para el local.
Por recomendación de Ofelia, al atardecer conoció al chico, un escultor llamado Emilio. A diferencia de Thiago, Emilio era tranquilo y reservado; tal vez el tallado pulía el carácter, porque daba una impresión de ser muy confiable.
Después de despedir a Emilio, Ofelia se acercó con curiosidad.
Viendo la mirada curiosa de su amiga, Fiona decidió no ocultarlo más.
—Ya estamos juntos…
—¿Qué dijiste? —Ofelia la miró incrédula—. ¿Ya andan? ¿Desde cuándo?
—Ya tiene un rato, más o menos desde que te fuiste de viaje esos días, ahí formalizamos.
La sorpresa en los ojos de Ofelia creció.
—Llevo aquí casi diez días, ¡vaya que se lo tenían bien guardadito! ¿Cómo me lo ocultaron tanto tiempo?

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