Al día siguiente, temprano por la mañana.
Fiona despertó y lo primero que vio fue a Samuel. No sabía a qué hora se había despertado él, pero la miraba con ternura.
—¿Despertaste?
—Mjm.
Ella se estiró con pereza, pero al segundo siguiente, él le agarró la muñeca. Se dio la vuelta y se inclinó sobre ella.
El movimiento repentino hizo que el corazón de Fiona se le subiera a la garganta. Tragó saliva por instinto.
—Samuel, es bien temprano, ¿qué quieres hacer?
Samuel no respondió, solo preguntó:
—¿Sigues enojada?
Las pestañas de Fiona temblaron. Aunque no fue explícito, entendió que se refería a lo de anoche.
—¿Qué? ¿Acaso quieres que siga enojada?
Fiona lo miró a los ojos, con la voz grave. Samuel bajó la cabeza y le dio un beso en los labios.
—Claro que no quiero que estés enojada, pero si todavía lo estás, tengo que ver cómo contentarte.
—¿Contentarme? —preguntó Fiona con desinterés—. ¿Y cómo piensas hacer eso?
—Haciendo cosas que te pongan de buenas…
Samuel curvó los labios en una sonrisa seductora.
Fiona seguía sin inmutarse y preguntó con curiosidad:
Cuando estaba con Esteban, ni hablar de prepararle un té; aunque se estuviera muriendo de dolor en la cama, ese hombre ni la volteaba a ver.
Definitivamente, las comparaciones son odiosas para el que sale perdiendo.
Fiona pensó que, siendo su primera vez haciendo té de canela, no sabría muy bien, pero el resultado la sorprendió. Incluso el punto de dulce estaba perfecto. Hasta dudó que fuera su primera vez.
—Está muy rico —dijo Fiona moviendo la cuchara en la taza, preguntando como quien no quiere la cosa—: ¿Le habías preparado esto a alguien más antes?
—No —respondió Samuel con seriedad—. Es la primera vez. Vi un tutorial en video.
Fiona detuvo la mano con la cuchara. ¡De verdad era la primera vez!
—No lo dudes, solo he tenido una mujer en mi vida. —Samuel la miró fijamente—. Antes, ahora y en el futuro, solo tú…
La repentina confesión hizo que a Fiona se le saltara un latido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera