¿Para qué más iba a ser, sino por la casa?
Dado que Rubén confesó plenamente su crimen, la policía contactó de inmediato a Liam.
Ya era muy tarde y, como Fiona tenía heridas, Tamara le sugirió que fuera a casa a descansar y le prometió avisarle en cuanto hubiera noticias.
Samuel la llevó personalmente a casa.
En ese momento, en la Colonia Vistamar.
—¡Pum, pum, pum!
Úrsula Santana estaba sentada en la sala comiendo pepitas y viendo su programa de variedades favorito, cuando de repente alguien golpeó la puerta con violencia.
—Mamá, están tocando. Ve a ver quién es.
Azucena salió de su habitación al oír el ruido: —Estás ahí en la sala y ni siquiera puedes abrir la puerta, ¿no te cansas de ser tan floja?
—¡Ay, mamá! Estoy viendo el programa, ábrele tú.
Azucena le lanzó una mirada de reproche y caminó hacia la entrada, abriendo la puerta sin dudar.
Al ver a Liam parado afuera, se quedó pasmada por un instante.
Liam entró corriendo y cerró la puerta de golpe: —Azucena, parece que descubrieron al tipo que mandé. No solo no tomó las fotos, sino que lo atraparon y lo entregaron a la policía.
Al oír eso, a Úrsula, que estaba viendo la tele, se le quitaron las ganas de seguir comiendo.
—¡Cuando tu familia no tenía qué comer, mi papá te ayudó!
Los ojos de Úrsula destilaban coraje.
Liam había sido la mano derecha de su padre. Cuando la empresa quebró, él quedó endeudado. Úrsula y Azucena lo chantajearon con su historial de desfalcos para que las ayudara a recuperar la casa.
—¡Ya le pagué a tu papá lo que le debía! No me vengas con chantajes morales. Si no me ayudan, voy a hablar. ¡A ver si nos vamos todos a la cárcel!
—Originalmente no quería ser tan drástico, pero si se ponen así, ¡no me dejan opción!
Al escuchar a Úrsula, Liam la miró con recelo: —¿Qué hiciste?
—Tengo a tu esposa y a tu hijo. Si no te entregas, ¡olvídate de volver a verlos con vida! —Úrsula sacó su celular y se lo mostró—: ¡O nos hundimos todos!

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