—Voy a bajar a prepararte la cena y de paso pongo a hervir tu medicina.
Samuel la empujó de vuelta a su lugar:
—Que Helena haga la cena, tú preparas la medicina más tarde.
El hombre pasó su larga pierna sobre ella, aprisionando su cintura.
Cuando Fiona alzó la vista, se encontró con sus ojos.
En esa mirada profunda había un toque de deseo.
Al instante siguiente, Samuel bajó la cabeza sin dudarlo y la besó en los labios.
El corazón de Fiona dio un vuelco. El hombre frente a ella ya había cerrado los ojos, besándola con pasión.
Cuando los besos de Samuel bajaron a su cuello blanco, el cuerpo de ella se estremeció.
—Samu, ando en mis días…
Samuel pareció no escucharla y no mostró intención de detenerse.
Fiona se puso más nerviosa.
—¡Samu!
—Está bien, pero es que te extraño demasiado…
Samuel le susurró al oído con un tono sumamente sugerente.
Fiona sabía que él sabría detenerse, así que no lo frenó más.
Después de eso, hicieron casi de todo, excepto el paso final.
***
A la mañana siguiente.
Fiona se levantó temprano para prepararle el desayuno a Samuel y también le hirvió su medicina.
Mientras desayunaban frente a frente, Samuel la miró.
—Fiona…
Fiona hizo una pausa con el vaso de leche en la mano y lo miró.
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