Samuel pareció leerle la mente y de repente le tomó la mano.
Su voz sonó increíblemente tierna:
—Tranquila, lo que te preocupa no va a pasar. Y si llegara a pasar, te protegeré. ¡No dejaré que nadie te haga daño! Además, con el abuelo y conmigo respaldándote, ¿de qué tienes miedo?
¿De qué más iba a tener miedo?
¡De que ese hombre armara un escándalo!
Pero al ver la firmeza de Samuel, no tuvo más remedio que aceptar.
Fiona asintió levemente:
—¡Está bien! Esta vez te haré caso.
Samuel asintió satisfecho y acarició suavemente el dorso de su mano.
—Buena chica.
Fiona sonrió levemente y no dijo más.
***
Faltaban pocos días para la Navidad.
Fiona llevó a Silvia Ríos a comprar adornos y algunas decoraciones navideñas.
Mientras elegían los adornos, se toparon con dos figuras conocidas.
Eran Bianca y su amiga Mirella Vera.
—Uy, ¿este año no la pasarán solas ustedes dos?
Quien hablaba era Mirella.
Fiona la miró con indiferencia y dijo en tono seco:
—No creo que tengamos una relación como para andarnos saludando.
Mirella ignoró su comentario y siguió con el sarcasmo:
—Escuché que andas con Samuel. Esteban invitó a Bianca a la cena de fin de año, ¿a poco Samuel no te invitó a ti?
Al escuchar que Esteban había invitado a Bianca, el rostro de Fiona se ensombreció.
Esbozó una sonrisa fría:


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