—¡Plaff!
Apenas Fiona terminó de hablar, una bofetada resonó en su cara.
El golpe le volteó el rostro hacia el lado de Bianca.
Quien la golpeó fue Gisela.
Fiona volteó a verla con una mirada cargada de una ferocidad nunca antes vista.
Fiona ya le tenía tirria a Gisela desde hacía tiempo, pero antes, por ser la madre de Esteban, le guardaba cierto respeto. Ahora que estaba divorciada, no tenía por qué aguantarle nada.
Fiona levantó la mano sin dudarlo para devolverle el golpe, pero una mano fuerte le sujetó la muñeca en el aire.
Siguió el brazo y se topó con la cara sombría de Esteban.
—¿Qué? ¿Piensas pegarle a mi madre? ¡Sigue siendo tu mayor! ¡No tienes derecho a tocarla!
La mano de Esteban apretaba su muñeca con cada vez más fuerza.
Fiona lo miró con los ojos inyectados en sangre.
Iba a contestarle cuando una voz autoritaria se adelantó:
—Ella no tiene derecho, ¿pero yo sí?
Al oír eso, todos miraron hacia donde venía la voz.
Fiona sintió que se le tensaba la espalda al escuchar ese tono.
También siguió la mirada de todos hacia la escalera.
Samuel bajaba ayudando al abuelo Flores.
Quien había hablado era el abuelo.
Bajo la mirada de todos, llegaron frente al grupo.
La arrogancia de Gisela disminuyó un poco.
—Llevamos un tiempo saliendo, pero empezamos formalmente después de que Fiona se divorció de mi sobrino.
—Si insisten en buscarle tres pies al gato y usar palabras como «indecente» o «lagartona» para insultar a Fiona, ¡yo seré el primero en no permitirlo! Si hablamos de indecencia real, esos dos de allá llevan siéndolo desde mucho antes.
Samuel lanzó una mirada de reojo hacia Esteban y Bianca.
Todos los ojos se posaron en ellos dos.
Al sentirse el blanco de las miradas, Bianca sintió una leve inquietud.
—Y que yo sepa, Esteban no te invitó, ¿verdad, señorita Morales? —Samuel sonrió con una mueca burlona y perezosa—. ¿Acaso viniste sin invitación?
—Yo…
Bianca se quedó muda. No podía decirles que la había invitado un niño, ¿verdad?
Buscó con la mirada a Esteban para que la ayudara, pero él tenía toda su atención puesta en Fiona y ni cuenta se dio.
Los parientes empezaron a murmurar.

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