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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 692

El miércoles era el aniversario luctuoso del abuelo.

Desde temprano, Fiona compró frutas y bocadillos que le gustaban a su abuelo y fue al cementerio a visitarlo.

La tumba estaba ubicada sobre un acantilado, en el cementerio más famoso de Santa Matilde.

El lugar daba al mar. Como al abuelo le encantaban el mar y las montañas, ella eligió ese sitio para él.

Excepto los tres años que estuvo en la cárcel, cada aniversario dejaba todo lo que estuviera haciendo para ir a verlo, sin importar dónde estuviera.

Otros años no había mucho tráfico, pero esta vez coincidió con dos carros que subían y bajaban al mismo tiempo que ella.

Pensó que era coincidencia y no le dio importancia.

Estuvo frente a la lápida del abuelo cerca de dos horas.

Si no fuera porque estaba a punto de llover, se habría quedado platicando más tiempo con él.

Cuando iba bajando la montaña, todo se oscureció.

El viento soplaba fuerte y las nubes bajaban cada vez más; se venía una tormenta.

Ya casi era verano; debía ser la primera tormenta de la temporada.

Fiona manejaba sola por la carretera de curvas, sintiendo una ansiedad extraña en el pecho.

No sabía por qué, pero sentía que algo iba a pasar…

De dónde venía ese presentimiento, no tenía idea.

Detrás de ella venían un BMW y un Cullinan, siguiéndola todo el camino.

Era un carril de un solo sentido. Los de atrás no rebasaban y se mantenían pegados a ella.

Fiona pensó que llevaban prisa, así que se orilló un poco para darles espacio, pero ni el BMW ni el Cullinan intentaron pasarla.

El Cullinan que iba detrás del BMW le resultaba familiar.

¿No se parecía al carro de Raimundo?

El golpe fue brutal; le dolía todo el cuerpo.

El impacto en la cabeza la dejó inconsciente al momento.

El BMW, al ver lo que pasó, se dio a la fuga.

Raimundo frenó el Cullinan, corrió bajo la lluvia hasta la orilla y vio con horror cómo el auto se hundía en el mar.

Sintió que el corazón se le rompía.

El viento aullaba y la lluvia no paraba, como si quisiera ahogar al mundo entero.

Tenía los ojos desorbitados, sin poder creer lo que veía.

Hoy había ido al Residencial San Jerónimo a buscar a Fiona para pedirle que atendiera a su abuela de sus dolores de cabeza. La vio salir en el carro y pensó que iba a la clínica, así que la siguió.

Pero terminó en el cementerio.

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