Esteban le agarró la muñeca de repente y la miró fijamente:
—Si no planeas casarte con él, no vivas con él, ¡la que saldrá perdiendo eres tú!
Fiona sonrió con burla:
—Estar con él es algo que ambos queremos, no hay nadie perdiendo aquí. En cambio tú, sigues pegado a mí como chicle, ¿qué pretendes?
—¿Qué pretendo? ¿Acaso no ves mi corazón? Quiero volver contigo, quiero que seamos una familia de tres otra vez. ¡No quiero verte empalagosa con mi tío, ni que críes al hijo de otro mientras dejas al tuyo de lado!
La voz de Esteban se elevó y sus pestañas temblaban.
La mano que sostenía su muñeca apretó con más fuerza, lastimándola un poco.
—¡Me lastimas! ¡Suéltame!
Fiona frunció el ceño e intentó soltarse.
Pero el hombre la jaló hacia sus brazos y la abrazó con fuerza.
—¿Qué tengo que hacer para que vuelvas conmigo? ¿Quieres que me hinque? ¿Quieres golpearme? Si vuelves a mi lado, puedes hacerme lo que quieras...
Al escucharlo, el corazón de Fiona se hundió.
Últimamente, Esteban no dejaba de acosarla para que volviera.
Le estaba causando muchos problemas.
¿Acaso casarse era la única forma de deshacerse de él?
Fiona apretó los dientes y soltó:
—Es imposible que vuelva contigo, deja de molestarme. ¡Te lo he dicho mil veces! ¡No me obligues! Si me sigues presionando, mañana mismo iré con él a...
—¿A qué? —Esteban la soltó y la miró incrédulo—. ¿Piensas ir al registro civil con él?
Fiona estaba tan enojada que su pecho subía y bajaba.
No pudo evitarlo y lo empujó.
—¡Vete de aquí ahora mismo! ¡No quiero volver a verte!
Silvia se puso a hacer la tarea en el mostrador mientras Fiona pedía comida y sacaba sus herramientas para tallar una nueva pieza de diseño.
Últimamente se había enfocado mucho en la clínica y llevaba tiempo sin esculpir. Quería aprovechar el tiempo para crear algo y grabar contenido, ya que no podía descuidar sus redes sociales.
Estaba concentrada tallando cuando escuchó el sonido de tacones afuera.
Fiona levantó la vista instintivamente:
—Bienven...
No terminó la palabra; vio a Daniela parada en la puerta.
Sus miradas se cruzaron y los ojos de Fiona se oscurecieron al instante:
—¿Qué haces tú aquí?
—¡Vine a platicar contigo!
Daniela mostró una sonrisa ambigua y se le quedó viendo fijamente.

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