Fiona Santana no se anduvo con rodeos:
—¡Tú y yo no tenemos nada de qué platicar! Tengo mucho trabajo, así que, por favor, retírate.
El tono de Daniela Pérez fue extremadamente frío:
—Escuché que te llevaste al niño y te mudaste a Costa de la Rivera. ¿Eso significa que ya te fuiste a vivir con Samu?
La mirada de Fiona se oscureció.
Jamás imaginó que el chisme volara tan rápido.
Apenas en la mañana había corrido a Esteban, y no esperaba que esa mujer apareciera por la noche.
—¿Y a ti qué te importa?
—¡Claro que me importa! Mientras siga amando a Samu, ¡es asunto mío!
El rostro de Daniela se cubrió de una capa de hielo mientras caminaba paso a paso hacia ella, fijando la vista en la pieza de porcelana que Fiona tenía en las manos.
Fiona giró la cabeza hacia la recepción:
—Silvia, vete a la oficina a hacer tu tarea. La señora Pérez y yo tenemos que platicar.
Silvia Ríos levantó la vista, le echó un vistazo a Daniela y luego miró a Fiona, asintiendo obedientemente:
—Está bien, Fiona...
No fue hasta que la puerta de la oficina se cerró que Daniela volvió a hablar:
—¡Esa niña está muy bien educada! No me digas que planeas tenerla pegada a ti para siempre.
—Ya la trato como si fuera mi propia hija. Incluso cuando me case con Samu, ella se quedará conmigo. ¡Nadie me la va a quitar!
Esa última frase iba dirigida específicamente a Daniela.
Daniela pestañeó levemente, tratando de ocultar su reacción, y dijo despacio:
—Lo que quiero no es a la niña, ¡sino a tu hombre!
—Tengo cosas que hacer. Si no hay nada más, vete, por favor.
Se dio la vuelta y regresó a la mesa de trabajo, tomando sus herramientas para tallar.
La mujer a sus espaldas dio media vuelta y salió de la tienda.
Fiona levantó la vista, mirando la figura que se alejaba, y sintió cómo la tensión en el aire descendía de golpe.
Primero Daniela, luego Esteban.
Para su relación, ellos eran la mayor amenaza en este momento.
Llegados a este punto, casarse no parecía una mala opción.
Si ese hombre realmente le propusiera matrimonio, ella aceptaría sin dudarlo.
Solo se preguntaba: ¿cuándo llegaría ese día?

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