Todos los espectadores comenzaron a votar y la pantalla gigante parpadeaba mostrando diversas cifras.
Los votos de Fiona y Ricardo seguían aumentando sin parar.
Finalmente, Fiona se llevó el campeonato con setenta y ocho votos.
Le ganó a Ricardo por una diferencia aplastante de treinta votos.
Al ver esto, Azucena y Úrsula rechinaban los dientes del coraje.
Ricardo, sin cara para mirarlas, se dio la vuelta y bajó del escenario de inmediato.
Los jueces subieron a entregarle el premio e incluso le dieron la tarjeta con el premio de tres millones de pesos ahí mismo, en sus manos.
Fiona dio su discurso de agradecimiento y se dispuso a bajar del escenario, pero de repente se escuchó un alboroto proveniente del público.
—Ella debe ser Fina, la bloguera que se hizo viral hace poco, ¿no?
—¡Yo siento que sí es ella! La técnica de tallado es idéntica. Le pregunté a un experto y dicen que es muy probable que sea la misma persona.
—Señorita Santana, si de verdad es usted Fina, ¿podría sacar un comunicado después? Los amantes del tallado adoramos a Fina y también nos encantas tú...
—¡Fina, Fina!
—¡Tengo el presentimiento de que sí es ella!
***
El ambiente en el lugar se volvió un manicomio. Algunos espectadores corrían hacia el escenario, queriendo tomarse una foto con Fiona.
Fiona se asustó ante tal escena y retrocedió varios pasos por instinto.
Al final, no pudo soportar el entusiasmo de los fans y, acompañada por el presentador, se dirigió hacia los camerinos.
Samuel, al ver la situación, se levantó rápidamente de su silla.
A su lado, Esteban también se puso de pie.
—¡Padrino! ¿Vas a proteger a Fiona?
Silvia extendió la mano por inercia y agarró a Samuel, con la mirada llena de angustia.
Fiona notó que el ruido afuera había cesado y solo escuchó esa voz tranquila:
—Ya se fueron. Abre la puerta.
Al oírlo, Fiona corrió hacia la entrada.
Al abrir, vio de inmediato al hombre parado allí.
Ver su rostro hizo que la ansiedad en su pecho desapareciera poco a poco.
Fiona asomó la cabeza por inercia para ver qué pasaba, pero el hombre la agarró de la muñeca, la metió de nuevo al camerino y la acorraló contra la puerta.
Ese movimiento repentino dejó a Fiona pasmada por un instante.
Ella levantó la vista y lo miró con curiosidad:
—¡Samuel! ¿Qué haces?
—Está bien que se lo ocultes a los demás, ¿pero tenías que ocultármelo a mí también?

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