Samuel la miró desde arriba, con un leve rastro de molestia en los ojos.
Fiona se quedó helada un momento.
Aunque él no lo dijo explícitamente, ella entendió perfectamente a qué se refería.
Sin embargo, fingió demencia:
—No sé de qué estás hablando.
Samuel extendió su mano grande y fuerte, tomándola de la barbilla al instante, con una mirada sombría que asustaba:
—¿Vas a seguir fingiendo?
Fiona intentó cambiar el tema por instinto:
—Aquí hay cámaras, no me digas estas cosas aquí. Si alguien filtra esto, nosotros...
—Ya somos pareja, ¿miedo a qué?
Fiona observó sus rasgos y notó esa ligera irritación en el fondo de su mirada.
Parecía que, si seguía ocultándolo, él se iba a enojar de verdad.
Fiona apretó los dientes y soltó de golpe:
—¡Está bien! Lo admito, yo soy Fina...
Al escuchar eso, el hombre soltó una risa ronca y baja.
Fiona no entendió muy bien la reacción de Samuel y preguntó con curiosidad:
—Samuel, ¿de qué te ríes?
—Qué bien te escondes, señorita Fina...
La mirada de Fiona volvió a chocar con la de él.
Él la miraba fijamente, como si pudiera ver a través de ella en cualquier momento, lo que la hacía sentir extremadamente incómoda.
—Bueno, ya, vámonos a la casa.
Fiona intentó empujarlo, pero se dio cuenta de que no podía moverlo ni un centímetro.
Fiona se sentó junto a él con una expresión inocente.
—¿Y después? Cuando ya estábamos juntos, creo que te lo pregunté también. Sabías perfectamente que yo seguía a Fina, y aun así te burlabas de mí a mis espaldas. ¿Te estabas riendo por dentro o qué?
—¡Te lo juro por mi vida que no!
Fiona levantó la mano en pose de juramento.
Samuel le atrapó la mano y se acercó un poco más:
—Ya que me lo ocultaste tanto tiempo, tendré que castigarte como se debe, ¿no crees?
Las pestañas de Fiona parpadearon nerviosas y su corazón se aceleró sin razón.
Samuel bajó la cabeza y besó sus labios sin dudarlo.
La besó con urgencia y fuerza, como si de verdad estuviera un poco molesto.
Samuel la cargó y, sin dejar de besarla, caminó hacia la cama.
Cuando la dejó sobre el colchón, Fiona aún no reaccionaba cuando el hombre ya se había inclinado sobre ella.

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