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Fiona pensó que el caos en el lugar de grabación ya había sido suficiente.
Pero no se imaginaba que el video del camerino la pondría directamente en el ojo del huracán.
A la mañana siguiente, la despertó una llamada de Ofelia Soto.
Al abrir los ojos, tomó el celular y vio que era Ofelia, así que contestó:
—Bueno, Ofelia, ¿por qué me llamas tan temprano? ¿Pasó algo?
—¡Sí! ¡Algo grande! —la voz angustiada de Ofelia sonó al otro lado—: ¿No has visto los titulares en las plataformas? ¡Eres tendencia!
El sueño de Fiona se esfumó al instante y miró el teléfono confundida:
—¿De qué hablas?
—Ayer participaste en un programa, ¿no? Muchos fans subieron tus fotos, ¡y hay un video de seguridad! ¡Checa las redes ahorita mismo!
La voz de Ofelia sonaba muy alterada.
Fiona se quedó pasmada un segundo, colgó rápido y abrió una aplicación de videos cortos.
El primer video que le salió fue su conversación con Samuel en el camerino.
Aunque la cara de Samuel estaba censurada, la de ella aparecía claramente expuesta.
Era obvio que quien filtró el video lo hizo a propósito.
Fiona abrió los comentarios; todos hablaban de ella.
«¡Sabía que era Fina! Ayer en la grabación sospeché que era ella, la técnica es idéntica a la de Fina».
«¡No me imaginaba que Fina fuera una mujer tan guapa! Me robó el corazón».
«Guapa, rica y talentosa, ¿qué más puede pedir?».
«De verdad me encanta».
...
Al leer los comentarios, Fiona sintió una calidez en el pecho.
Parecía que a mucha gente le caía bien.
—Pues si ya salió, aprovecha la corriente y acláralo de una vez.
—Ajá —asintió Fiona levemente—. Eso pensaba. En esta época de videos cortos, no puedo esconderme para siempre; tarde o temprano tenía que salir a cámara.
—Bien. —Samuel bajó la cabeza y dejó un beso suave en sus labios—. Me voy al corporativo. No me esperes para cenar, tengo un compromiso de negocios hoy.
Fiona asintió:
—No tomes mucho.
—Si se me pasan las copas, ¿vienes por mí?
—Claro.
Samuel le acarició el cabello, con la mirada cada vez más tierna.
Al salir, Fiona no fue a la clínica primero, sino a su estudio.
Apenas entró, a Emilio le brillaron los ojos:
—¡Fiona! No puedo creer que tú seas Fina, la bloguera que sigo desde hace medio año.

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