Samuel no había regresado desde que se fue la noche anterior; ya había pasado un día entero.
Durante todo el día, Fiona no pudo comunicarse con él ni con Abraham.
Finalmente, llamó al celular de Israel.
La voz de Israel sonaba con un dejo de dolor:
—Parece que Samu todavía no te ha contado...
—Cuando se fue ayer, solo me dijo que iría a ajustar cuentas con Daniela. Lo llamé a medianoche, pero no me dio detalles, solo me dijo que descansara. ¿Qué pasó exactamente?
La voz de Fiona denotaba un nerviosismo extremo.
Sentía el corazón en la garganta.
Incluso llegó a pensar...
¿Le habría pasado algo a Samuel mientras intentaba vengarla?
—Daniela... —La voz de Israel se quebró, como si no pudiera aceptar la realidad—, perdió la razón.
Al escuchar esto, las pestañas de Fiona aletearon frenéticamente.
En sus ojos surgió una gran sorpresa.
—¿Se volvió loca? ¿Cómo pudo pasar eso de repente? ¿Tuvo algo que ver con Samu?
—No directamente, fue una causa indirecta, ya que Daniela padecía de problemas mentales desde antes.
Luego, Israel le contó toda la historia con detalle.
Al terminar de escuchar, la conmoción en la mirada de Fiona tardó en disiparse.
—El destino de Daniela es consecuencia de sus propios actos, pero ya ha pagado el precio por sus errores del pasado. Espero que la señorita Santana pueda ser indulgente y no guarde rencor en el futuro.
El tono de Israel sonaba casi como una súplica.
Antes de que ella pudiera responder, él cortó la llamada rápidamente.
Fiona miró el teléfono, incapaz de calmarse.
Fiona no tenía ganas de entrar en detalles.
—Tengo una urgencia, debo salir.
Esteban no insistió más y cambió de tema:
—¿Vas a buscar a Samuel?
—Sí —respondió ella en voz baja.
—¿Quieres que te lleve?
—No es necesario...
—Estás herida, no puedes manejar así. ¡Sube al coche! Yo te llevo.
Fiona lo pensó un instante y terminó subiéndose al auto.
Después de todo, el escándalo en las noticias aún no se había calmado y no sabía si había reporteros o gente siguiéndola. Salir sola en ese momento quizás no era lo más prudente.

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