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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 786

Cuando el auto se detuvo frente al edificio de Grupo Flores, Samuel justo salía del corporativo y vio la escena en el estacionamiento.

Fiona bajaba del auto de Esteban, quien estaba parado junto a la puerta, viéndola caminar hacia el edificio.

Fiona levantó la vista hacia la salida y se encontró con la mirada de Samuel.

Los tres se miraron a la distancia en medio de un ambiente extrañamente incómodo.

Finalmente, Esteban subió a su auto y se marchó.

Fiona sabía que Samuel debió haber visto a Esteban.

Caminó rápidamente hacia él y se detuvo enfrente.

—Samu...

Samuel retiró la vista de la dirección por donde se había ido el auto y la fijó en Fiona.

—¿Por qué viniste de repente? Y en el coche de él... —Su voz era grave y sus ojos mostraban un leve disgusto.

Fiona se acercó y lo tomó del brazo.

—Llevas un día entero sin volver a casa y no contestas el teléfono, ¡claro que estaba preocupada! Por eso vine a verte.

—Tuve demasiado trabajo hoy, ni siquiera miré mi celular personal. Justo iba a casa cuando llegaste —explicó él, pero enseguida volvió al tema del otro hombre—: Dime la verdad, ¿por qué venías en su coche?

—Iba a pedir un taxi para venir a buscarte, pero me lo encontré en la puerta. Cuando supo que venía a verte, se ofreció a traerme. Pensé que las cosas no están muy tranquilas últimamente y andar sola en taxi no es seguro; mejor venir con él que con un desconocido, ¿no?

El hombre escuchó su explicación, asintió pensativo y no dijo más.

—Vámonos a casa...

Samuel le tomó la mano y caminaron hacia el estacionamiento.

Pero Fiona habló de pronto:

—¿Podemos cenar fuera hoy? Abrieron un restaurante nuevo cerca de aquí y dicen que la comida es muy buena, quiero probarlo contigo.

En realidad, quería un espacio privado para hablar tranquilamente sobre lo de Daniela.

El hombre asintió levemente.

—¿Cómo te enteraste?

Fiona fue directa:

—No podía contactarte, así que busqué a Israel. Él me contó todo...

Samuel sintió que la atmósfera se volvía pesada y su rostro mostró resignación.

—Entonces... —dijo Fiona con tono cauteloso—, ¿es verdad que se volvió loca?

—Sí.

Samuel tomó una toallita húmeda de la mesa y se limpió el dorso de la mano.

No la miró a ella, sino a sus propias manos.

—La drogué y le hice creer que había traído a varios hombres para que se divirtieran con ella. Supongo que no pudo soportar el impacto, su enfermedad mental recayó y perdió la razón por completo.

Fiona escuchó las palabras del hombre y la conmoción en sus ojos no desaparecía.

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