Esteban no solo no la soltó, sino que apretó el agarre.
En el forcejeo, le lastimó la herida y Fiona hizo una mueca de dolor.
—¡Esteban! ¿Qué chingados estás haciendo?
Una voz helada resonó detrás de ellos.
Fiona sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Al voltear, vio a Samuel caminando hacia ellos con paso firme.
La mirada del hombre era oscura, cargada de una amenaza palpable.
Al ver a Samuel, Esteban soltó la mano de Fiona de golpe.
Samuel levantó a Fiona de la silla, la rodeó con un brazo por la cintura y clavó en Esteban una mirada que podría matar.
Alzando la voz, le reclamó:
—Ya te lo he advertido mil veces, ¿no? Y sigues manoseándola. ¿Te hace falta una buena tunda o qué?
Esteban sonrió con cinismo.
—Ay, tío, ¿para qué tanto coraje? Solo le agarré la mano. ¿Qué no hemos hecho ella y yo antes? Si te contara los detalles, te daría un infarto.
La cara de Samuel se descompuso al instante.
Antes de que pudiera reaccionar, Fiona intervino tajante:
—Esteban, deja de buscar problemas a lo pendejo o no respondo.
Temiendo que se agarraran a golpes ahí mismo, Fiona jaló a Samuel y salieron de urgencias sin mirar atrás.
Esteban se quedó viendo cómo se alejaban, rodeado de un aura depresiva.
Apretó los puños a los costados.
¿Qué demonios tenía que hacer para que Fiona volviera con él y con el niño?
***
Fiona notó que, desde que salieron del hospital, el humor de Samuel había cambiado drásticamente.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera