El corazón de Fiona se disparó. La atmósfera entre ellos era, a todas luces, sumamente íntima.
—Señor Flores… —tragó saliva, nerviosa. El desconcierto en sus ojos fue fugaz, pero el hombre lo captó.
—Tienes una pestaña.
La mano que le sujetaba la barbilla se soltó y se deslizó por su mejilla. Los dedos del hombre, largos y finos, rozaron su piel pálida y retiraron con delicadeza la diminuta pestaña.
Fiona se apartó instintivamente. El ambiente se tornó extrañamente incómodo.
—Qué buena vista tiene, señor Flores —dijo, fingiendo calma y esbozando una sonrisa.
—¿Por qué tan nerviosa? Cuando nos besamos por accidente el otro día, no parecías tan alterada…
¡Zas!
La frase cayó como un rayo. Los ojos de Fiona se abrieron como platos. Miró al hombre, incrédula, y retrocedió un paso.
—¿Besarnos? ¿Nosotros? —Fiona se señaló a sí misma y luego a Samuel, con la sorpresa creciendo en su rostro.
—Fue la noche que bebiste de más. —Al ver su asombro, el hombre bromeó—. Parece que de verdad no te acuerdas. —Una sonrisa despreocupada asomó en sus labios.
Fiona extendió la mano a toda prisa y le sujetó la manga. Al ver que él se giraba, la soltó de inmediato.
—Eh, señor Flores… —tartamudeó—. ¿Lo dice en serio? ¿De verdad que nos besamos aquella noche?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera