Fiona sostuvo el celular, esperando en silencio.
Enseguida, una notificación apareció en la pantalla.
[Sí, tengo tiempo. ¿La señorita Santana piensa invitarme a cenar?]
Al leer el mensaje, Fiona se quedó perpleja. Incluso a través de la pantalla, había adivinado sus intenciones. Era sorprendente.
Escribió una respuesta a toda prisa y la envió.
Din.
Samuel acababa de salir de una reunión cuando su celular vibró. Deslizó el dedo por la pantalla y vio el mensaje de Fiona.
[Ayer quedamos en que otro día cenaríamos con Silvia para formalizar lo de su apadrinamiento, ¿recuerda? ¿Qué le parece si lo hacemos esta noche?]
Una sonrisa despreocupada asomó en los labios del hombre.
—Señor Flores, el responsable del proyecto del museo de ciencia quiere invitarlo a cenar esta noche… —dijo Abraham, con el informe en la mano, mirando la espalda del hombre.
Antes de que pudiera terminar, Samuel lo interrumpió.
—Pásalo a mañana.
—Pero es un compromiso que aceptó hace días —insistió Abraham, acercándose, desconcertado—. ¿Va a cenar a la mansión con el abuelo Flores?
—¿Acaso solo puedo cenar con él?
—No, claro que no. Es que normalmente, cuando cancela una cena de trabajo, es para ir a la mansión. —Al ver que seguía tecleando en el celular, preguntó con curiosidad—: Señor Flores, ¿está usted enamorado?
Las pestañas de Samuel temblaron. Levantó la vista hacia Abraham.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Su reacción, es un poco como… —Abraham señaló el celular de Samuel.
Samuel le lanzó una mirada, tecleó una respuesta a toda prisa y se la envió a Fiona.
[Elige un sitio y envíame la dirección.]
Fiona se giró al oír la voz y se detuvo. Silvia, a su lado, también se paró. Al encontrarse con la mirada de Pedro, apretó la mano de Fiona.
—¿Por qué la vienes a recoger tú otra vez? ¿Por qué no viene mi tío abuelo? —preguntó Pedro con evidente disgusto, sin apartar la mirada hostil de Silvia.
Silvia, al ver que Fiona no decía nada, respondió con timidez:
—Mi padrino no tiene tiempo…
—¿Y porque no tiene tiempo tienes que venir tú? ¡A mí no se digna a recogerme, pero a ti te recoge todos los días!
Al ver su rostro lleno de celos, Silvia se escondió detrás de Fiona.
El semblante de Fiona se ensombreció.
—Pedro, Silvia es tímida. La próxima vez, háblale con más amabilidad.
—Señorita Santana, Silvia solo es la hija de su amiga y la ahijada de Esteban. Que usted la recoja y la deje todos los días no me parece correcto. ¿Me han dicho que además viven juntas?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera