Samuel quería llorar.
Anoche la discusión había empezado por culpa de Esteban, ¿cómo es que ahora todo era culpa suya?
Pero Samuel no tenía cabeza para seguir explicándole, así que dijo apresuradamente:
—Voy a hablar con ella un momento, regreso a verte luego.
—Yo ya estoy bien, corre a alcanzarla. Explícale bien las cosas, no dejen que los rencores se guarden...
Ya se habían guardado.
Y hasta durmieron en cuartos separados.
Samuel asintió levemente.
—Está bien, ya me voy.
Fiona dejó el botiquín en el primer piso, miró a su alrededor y finalmente fijó la vista en el comedor.
Esteban levantó la mirada justo para encontrarse con la de ella.
Se apresuró a decir:
—Fiona, ven a desayunar antes de irte.
—No tengo hambre.
—Ya prepararon tu desayuno.
Gisela alzó la vista y también la miró.
Aunque estaba algo lejos, Fiona pudo notar claramente el desdén en sus ojos.
Era obvio que no querían que se quedara a desayunar, pero aun así decían esas cosas por compromiso; le resultaba bastante hipócrita.
Fiona dio una excusa cualquiera y caminó a paso rápido hacia la salida.
Al salir, pudo escuchar claramente unos pasos apresurados bajando las escaleras detrás de ella.
Seguramente era ese hombre persiguiéndola.
Pero ella no tenía ganas de verlo.
Incluso estaba considerando si debería regresar a vivir a Residencial San Jerónimo esta noche.

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