Su mirada se volvió gélida mientras lo observaba fijamente.
Entonces, Israel le contó todo lo que había sucedido con lujo de detalles.
Fiona se quedó en silencio tras escuchar la explicación.
Resulta que él había salido de casa esa noche para buscar a Valeria y exigirle una disculpa.
Lo que no imaginaba era que se encontraría con su peor enemigo y que las cosas escalarían hasta ese punto…
—Yo no sabía que su rival iba a estar ahí. Si lo hubiera sabido, ni loco le habría dicho dónde estaba Valeria.
El rostro de Israel reflejaba puro arrepentimiento.
Fiona cambió de tema directamente: —¿Y cómo está el otro?
—El otro quedó mucho peor que Samu. Le dieron en la cabeza, la situación no pinta nada bien.
—Se armó una bronca enorme. Los de seguridad del lugar no podían separarlos. Si no hubiera llegado la policía, seguirían dándose de golpes…
La expresión de Fiona se volvió aún más sombría, con un dejo de preocupación en los ojos: —¿Corre peligro su vida?
—No creo que se muera, pero sí le dieron una buena tunda… la herida es seria.
—¿Y Valeria?
Al mencionar a Valeria, Israel hizo una mueca de desprecio: —Esa mujer, en cuanto vio que empezaron los golpes, se peló. Salió huyendo y quién sabe dónde se metió. Parecía que le daba miedo que la salpicara el problema.
Fiona sentía que el pecho le subía y bajaba del coraje. Su cara estaba cada vez peor.
Lo sabía.
Era exactamente lo que esperaba de ella.


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