La mirada que Samuel le dirigió a Fiona tenía un toque de resentimiento.
Al escucharlo, el rostro de Fiona se puso serio.
Le soltó sin rodeos: —¿Cómo vas a tener celos hasta de tu enemigo?
Samuel usó el brazo que no tenía lastimado para rodearle la cintura. —¿Cómo sabes que es mi enemigo?
—Israel me lo dijo.
El hombre asintió pensativo, con una expresión indescifrable.
La mano con la que la abrazaba apretó un poco más su cintura.
Fiona reaccionó instintivamente y lo empujó para apartarlo.
—Estamos en un hospital, no en la casa. No andes de encimoso, se ve mal…
—¿Qué tiene de malo? —Samuel frunció el ceño—. Eres mi prometida, y dentro de poco serás mi esposa ante la ley. Tengo derechos oficiales…
Fiona bromeó: —Pero todavía no tienes el papelito, ¿o sí?
—No me importa, me da igual lo que piense la gente.
—A ti te dará igual, pero a mí no. Hace poco, por culpa de Valeria, casi me comen viva en redes sociales…
Fiona se apartó rápidamente, con la mirada fría.
Después de todo, ahora era medio figura pública y tenía que cuidar su imagen. Si alguien los grababa muy cariñosos en público, seguro armarían otro escándalo con ella.
Samuel tuvo que ceder: —Está bien, vámonos a casa.
—¿No vas a ir a ver cómo sigue ese hombre? ¿Y si él…?


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