En ese momento, todos se hicieron a un lado, nadie se atrevía a acercarse.
Seguramente todos lo habían reconocido...
Los pasos de Samuel resonaban pesados mientras avanzaba hacia ella.
Finalmente, no pudo contenerse; extendió su mano grande y fuerte y la agarró directamente por el cuello.
Por un instante, el aire pareció congelarse.
Todos clavaron la vista en ellos dos, sin atreverse a decir ni pío.
La escena también sorprendió a Fiona.
Era la primera vez que veía a Samuel levantarle la mano a una mujer...
La fuerza del hombre era brutal; estampó a Valeria contra la pared cercana.
—¡Pum!
La espalda de Valeria chocó violentamente contra el muro. El dolor la hizo fruncir el ceño y soltar un gemido.
La mano con la que sostenía el cuchillo se aflojó al instante y el arma cayó al suelo con un ruido metálico.
Al parecer, no esperaba que Samuel fuera tan agresivo. Tenía los ojos desorbitados por la sorpresa, mirando al hombre frente a ella con incredulidad.
Samuel le apretaba el cuello con tanta fuerza que se le saltaban las venas del dorso de la mano.
En el fondo de sus ojos solo había una frialdad aterradora y una furia roja que no dejaba de crecer.
—Te lo advertí, ¿verdad? Te dije que no volvieras a tocar a mi gente. Ya que te gusta romper las reglas...
El hombre no terminó la frase.
Pero Valeria pudo leer en sus ojos lo que quería decir.
Aunque no lo dijo con palabras, el mensaje estaba claro.
Las ganas de matarla en ese momento habían llegado al límite.
En ese instante, se arrepintió de verdad...


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