—Nahomi, aquí solo estamos nosotras dos. ¿Por qué no vamos directo al grano?
Fiona puso cara seria.
—Si tienes algo que decir, dilo de una vez.
Al ver que la habían reconocido, Nahomi se quitó la gorra, revelando un cabello donde ya asomaban varias canas.
Era evidente el desgaste que le había causado la extensión de su condena; hasta le habían salido canas.
—Fiona, escuché que ahora te va de maravilla en el amor y en el trabajo, que eres dueña de esta clínica tan grande. ¿Y yo? ¿Qué pasó conmigo después de que hiciste que me dejaran más tiempo encerrada?
Nahomi hizo una pausa y golpeó la mesa con fuerza, mirándola con un odio venenoso.
—¡Por tu culpa no puedo conseguir ni un maldito trabajo!
—¿Y eso qué? —preguntó Fiona con calma, respondiendo con una media sonrisa—. ¿Viniste a armar un escándalo solo para negociar conmigo?
No era la primera vez que veía gente conflictiva en la clínica.
Todos buscaban su propio beneficio, pero no esperaba que Nahomi la rastreara hasta allí.
Y mucho menos que hubiera averiguado todo sobre su vida personal y profesional.
El odio en los ojos de Nahomi era indisimulable.
—¡Fue por tu maldita denuncia antes de salir que me aumentaron la condena, me quitaron puntos y me confiscaron todo mi dinero!
—Y tú, muy a gusto, saliste a vivir la gran vida, sin preocupaciones. Así que, ¿no crees que deberías conseguirme un trabajo?
¿Conseguirle un trabajo?
Fiona sonrió con sarcasmo.
—Jamás le daría trabajo a una contrabandista.
—Además, eso te pasó por tus propias acciones. Tú te lo buscaste, ¿con qué derecho vienes a exigirme que te dé empleo?
Era imposible razonar con ella.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera