«Ni siquiera pudimos derrotar a Fernando con docenas de hombres entonces. Ahora, estoy solo, y uno de mis brazos está herido. ¡No puedo luchar contra él!». El primer pensamiento de Roco fue huir.
La mirada de Fernando se volvió gélida y bajó de un salto del tercer piso.
Descendió hacia el suelo a gran velocidad y provocó un estruendo cuando aterrizó en el suelo. Aun así, salió ileso.
La expresión de Roco cambió de golpe cuando vio eso.
«¡Saltó desde al menos diez metros de altura! ¿Cómo es que sigue de una pieza?».
Sin perder un segundo para pensar, Roco se dio la vuelta de nuevo.
Sin embargo, en el momento en que lo hizo, Fernando se lanzó hacia delante y lo bloqueó.
—¿Dije que podías irte? —preguntó Fernando.
Sabiendo que no había forma de escapar, Roco tronó:
—¡Lucharé contigo hasta el final!
Con eso, envió su puño izquierdo hacia Fernando.
Fernando contrarrestó el puñetazo lanzándose hacia Roco y pateando a éste con la pierna derecha.
¡Crack!
¡Bang!
El brazo derecho de Roco, herido, se rompió en el acto y se estrelló contra la pared. Tras el impacto, la pared se resquebrajó.
Cuando Roco cayó al suelo, sintió como si se le hubieran roto todos los huesos del cuerpo, y le dolía tanto que sudaba la gota gorda.
Sin embargo, apretó los dientes y se obligó a levantarse.
—Fernando, yo…
Antes de que Roco pudiera terminar la frase, Fernando le dio otra patada.
Roco escupió una bocanada de sangre y salió volando hacia atrás, chocando de nuevo contra la pared agrietada. La pared se derrumbó y uno de los ladrillos cayó sobre su nariz, rompiéndosela.
Roco, incapaz de soportar el dolor, aulló de dolor.
Fernando se acercó con frialdad a Roco y pisoteó el cuerpo de éste.
—¿Dije yo que podías hacer tanto ruido? —preguntó Fernando. «Sólo estamos a cientos de metros. Las cosas podrían ponerse feas si Ramona y los demás policías se acercan».
Roco tenía los ojos desorbitados porque Fernando acababa de romperle dos costillas con aquel pisotón.
En ese momento, Roco empezaba a tener problemas para respirar.
—Fernando… ¡Te reto a que me mates! Si no me matas, ¡seguro que iré por ti y por toda tu familia! —Roco echó humo.
Todavía con el pie sobre el cuerpo de Roco, Fernando se inclinó hacia delante. Con mirada fría, dijo:
—No te preocupes. Nunca tendré piedad de alguien que quiere matar a mi familia. Sin embargo, quiero que respondas a mi pregunta. Si estoy contento con tu respuesta, te dejaré morir rápidamente. ¡Si no estoy contento, te torturaré y te haré suplicar por la muerte!
La cara de Roco estaba cubierta de sangre cuando rugió:
—¡No te diré nada! Adelante, mátame.
Fernando hizo caso omiso de aquellas palabras y continuó preguntando:
—Aparte de Tristán, ¿está Tiberio también implicado en el plan de esta noche?
Resultó que por eso Fernando hizo que Reynaldo ordenara al Equipo Fénix que dejara escapar a Roco.
Un atisbo de pánico brilló en los ojos de Roco. Después, tronó:
—¡Esto no tiene nada que ver con el señor Calandrino! Soy yo quien está vengando a mi hermano. ¡Tú eres la razón por la que el Señor Calandrino lo mató! Si te atreves a sembrar la discordia entre el señor Calandrino y la Familia Mendoza, ¡te perseguiré incluso después de muerto!
Roco lo negó, pero Fernando ya había obtenido la respuesta que quería.
—Muy bien. Gracias por confirmar mi sospecha. Después de esto, le haré una visita a Tiberio —dijo Fernando.
—¡No calumnies al Señor Calandrino, Fernando!
—¿Calumnia? —se burló Fernando—. ¿Estás diciendo que mató a tu hermano y no le importó que te vengaras? Diablos, ¡incluso te dio cincuenta millones! ¿Por qué ibas a proteger y respetar a un hombre que mató a tu hermano? ¡Incluso te diriges a él como Señor Calandrino! ¿Me tomas por tonto?
Fernando hizo una pausa y sonrió satisfecho.
—No obstante, tengo que darte las gracias. Gracias por no contarle a Tristán mi relación con la Familia Mendoza. De lo contrario, se habría echado atrás, ¡y yo tendría que seguir mirando por encima del hombro y estar en guardia contra él!
Con cara de terror, Roco dijo:
—Tú…
¡Pum!

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