—¿Por qué me abrazaste? —Caridad expresó su consternación cuando Fernando y Berenice la acompañaron de vuelta a su casa.
Caridad no podía deshacerse del recuerdo de Fernando abrazándola por la cintura.
En sus veintinueve años de vida, ningún hombre le había hecho eso antes.
—Te abracé para sacarte de allí —explicó Fernando con un brillo juguetón en los ojos—. Pero fuiste tú quien se aferró con tanta fuerza que ni siquiera pude apartarte.
Un rubor subió por las mejillas de Caridad.
Se había inclinado por instinto hacia el abrazo de Fernando, tomándolo como una fuente de seguridad.
Al recordar el incidente, le invadió una mezcla de vergüenza e indignación.
—¡No tergiverses la verdad! Fuiste tú quien me abrazó y me tocó.
Los labios de Fernando se crisparon.
—Eres tú quien debería dejar de distorsionar la verdad. Mi querida está aquí.
De hecho, había abrazado a Caridad e incluso la había pellizcado jugando, pero no había previsto que Caridad fuera tan franca al respecto.
Berenice disparó subrepticiamente dagas a Fernando antes de consolar a Caridad:
—Cari, Fernando hizo eso por una razón. No te enfades con él.
—Se aprovechó de mí —resopló Caridad, pero su tono era notablemente menos severo—. Y fue tan malvado. Incluso le tendió una trampa al Señor Salas antes de irse, sin mostrar ni una pizca de respeto.
Era evidente que Limberto no había convocado a Alisa. Después de todo, si la conociera de verdad, no habría abandonado el restaurante de una manera tan humillante.
Alimentado por la ira, Salomón dirigía su frustración contra Limberto sin importarle la verdad.
Fernando se rio entre dientes.
—Parece que no eres sólo una cara bonita. —Al sentir el creciente enfado de Caridad, Fernando cambió rápidamente de conversación—. Y en cuanto al respeto… no puedes dejar de pensar en Berenice. ¿Por qué debería mostrarte respeto? Si no fueras la mejor amiga de Berenice, ni siquiera te prestaría atención.
Intentando calmar la tensión entre Fernando y Caridad, Berenice intervino de inmediato:
—Fernando, ¿por qué no te adelantas y me esperas? Quiero hablar con Cari.
Fernando quería evitar más conflictos con Caridad, así que se encogió de hombros y avanzó.
—Cari, ¿has visto la diferencia entre Fernando y Limberto esta noche? —preguntó Berenice, tomando la mano de Caridad.
Caridad esbozó una sonrisa amarga.
—Pero Limberto está prácticamente indefenso en esa situación. En el fondo, tal vez él también quería protegernos.
Después de haber tenido a Limberto en alta estima durante años, dudaba en dejar que su imagen se rompiera en su mente.
Después de soltar un suave suspiro, Berenice continuó:
—Cari, estar indefenso no es una razón o excusa válida. Afirmar tener la actitud de proteger a alguien no significa mucho si no hay acción detrás. —Cuando realmente importaba, Limberto permaneció en silencio. Fue Fernando quien dio un paso al frente.
Caridad se quedó atónita por un momento al darse cuenta en ese instante.
Mirándola, Berenice prosiguió:
—Un hombre que sólo sopesa los pros y los contras de la situación para salvarse, frente a un hombre que se pone delante de ti sin importarle el peligro. Cari, ¿de qué lado estarías?
El cuerpo de Caridad se estremeció.
—Bere…
—Somos mejores amigas y sé que piensas en lo mejor para mí —dijo Berenice con una sonrisa amable—. Pero no necesito un hombre que me abandone en los momentos difíciles. Para mí es más importante un hombre que me proteja y me dé seguridad, independientemente de sus capacidades. Así que, a partir de ahora, espero que dejes de defender a Limberto. El hombre que he elegido es Fernando —Berenice palmeó con suavidad el dorso de la mano de Caridad antes de acercarse a Fernando—. Volvamos y descansemos.
Al ver cómo Berenice y Fernando se alejaban tomados de la mano, Caridad murmuró:
—¿Todo esto son ilusiones mías? ¿Estoy equivocada en todo?
Mientras la pareja regresaba, Berenice dijo:
—Fernando, no me apetece volver a casa esta noche.
Fernando, que estaba sumido en sus pensamientos, se quedó un momento desconcertado.
—Entonces, ¿adónde quieres ir?
«¡Qué inoportuno!».
—¿Qué tiene eso que ver conmigo? —Fernando sonrió satisfecho. «Qué payaso».
Después de transmitir su mensaje, Limberto terminó de golpe la llamada. Estaba claro que le estaba enviando a Fernando una seria advertencia.
Fernando entrecerró los ojos y miró por la ventana.
«¿No seré el único en apuros? ¿Me está amenazando con la seguridad de mi familia?».
Un destello asesino brilló en sus ojos. Por primera vez, Fernando sintió el impulso de matar a Limberto.
Sin embargo, Fernando sabía que Salomón era un adversario mucho más formidable que Limberto. Mientras esperaba a que Berenice saliera del baño, marcó el número de Alisa.
En cuanto se conectó la llamada, se escuchó una voz de mujer llena de amargura.
—¿Qué? ¿Quieres que escuche los gemidos de Berenice? ¿Ya te has divertido? Utilizaste mi ayuda y luego jugaste con otras mujeres. Eres el clásico ejemplo de una mi*rda.
Fernando arqueó las cejas.
—Realmente disfrutas acosándome, ¿verdad?
Alisa resopló en respuesta.
—Oh, por favor. No te estaba acosando. Solo me mantenía disponible, lista para responder si me necesitabas. Y así fue como por casualidad presencié que tú y ella se dirigían a un hotel.
Su tono estaba impregnado de amargura y frustración, como si Fernando fuera un mujeriego irresponsable.
Fernando la ignoró y fue directo al grano.
—¿Alguna novedad sobre Salomón? ¿Cuál es su próximo movimiento?
Claramente había aplastado a Salomón esta noche.
Si Salomón planeaba entrar en acción, Fernando no dudaría en hacer su movimiento primero.
—Después de salir del restaurante, fue al hospital para recibir tratamiento. También puse a su tía al corriente de la situación. Es probable que Salomón no se atreva a actuar sin pensar —dijo Alisa—. Además, nuestras familias se enfrentarán dentro de unos días. No querrían que pasara nada antes.
Al recordar la expresión del rostro de Salomón, Fernando no se atrevió a tomárselo a la ligera.
—Es mejor permanecer alerta. Además, quiero que investigues otro asunto por mí. —Un destello gélido brilló en sus ojos—. ¿La aparición de Salomón en el restaurante esta noche ha sido sólo una coincidencia?

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