—Esto es lo que sabemos sobre Fernando, Señor Real. Hay un pequeño problema.
Al anochecer, un guardaespaldas de la familia Real llegó a la sala y entregó a Vico dos hojas del informe de la investigación.
Ariela y Mateo, que se encontraban mejor, se apresuraron a acercarse.
—¿Qué tiene de problemático ese chico? —se burló Mateo—. Parece un don nadie.
Tras hacer una señal para que el grupo guardara silencio, Vico tomó los documentos y los hojeó.
Arrugó las cejas.
—No esperaba que este tipo estuviera tan bien relacionado.
—¿Bien relacionado? ¿De dónde es? —preguntó Ariela.
Vico le entregó los documentos.
—Viene de una familia normal, pero sus habilidades médicas parecen impresionantes. Trató a Gilberto Mejía, Marcelo Hernández e incluso a Don Lamadrid. Tres familias están en deuda con él. Por esa razón, Gilberto lo dejó ocupar Bahía Dragón. La Familia Hernández consiguió que su hermana trabajara en el Grupo Pentagón como secretaria de Marcelina. Y Berenice Zavala, la más bella de las Cuatro Bellezas de Ciudad Jade, es su novia. Tiene conexiones útiles.
Ariela se burló después de examinarlos.
—Los ascensos meteóricos existen, por lo que veo. Sin embargo, sigue siendo un indicio de la incompetencia de la Familia Cabrera. Si no, Fernando habría acabado hace cinco años.
El informe documentaba no sólo el calvario de Fernando durante ese periodo, sino también su encuentro con Matías cinco años antes.
Mateo tomó los documentos.
Tras echarle un vistazo, dijo despectivamente:
—Aunque su meteórico ascenso es encomiable, es una pena que acabara cruzándose con usted, señor Vico. Ni siquiera la Familia Lamadrid puede protegerlo. ¿Cómo podrían las familias Hernández y Mejía de Ciudad Jade? Sin embargo, según este informe, lo más probable es que este sujeto sea el escudo de la Señorita Lamadrid. ¿Cómo se atreve a…?
A mitad de su perorata, se calló de golpe al ver el ceño fruncido de Vico.
«A Vico no le gustaría que le recordaran a Fernando besando y abrazando a Magali la noche anterior».
Ariela cambió de tema con tacto.
—Ahora que hemos descubierto lo de Fernando, señor Vico, ¿qué debemos hacer a continuación? ¿Hacemos que un guardaespaldas lo detenga?
El resto asintió con la cabeza.
Dos docenas de ellos, a los que Fernando había humillado, apenas podían esperar para vengarse.
Vico entrecerró los ojos.
—¿He escuchado que la familia de tu tío trabaja para el Señor Calandrino, Mateo?
Mateo asintió.
—Así es. Es mi tío quien dirige el Grupo Matamoros para el señor Calandrino. Es, por decir algo, uno de los confidentes del señor Calandrino.
Vico se mofó:
—Aunque no temo a las familias Hernández y Mejía, ni siquiera a la Familia Lamadrid, no me gustaría empezar una pelea con ellos por Fernando. Te dejaré a ti el asunto de darle una lección.
Mateo le dio unas palmaditas en el pecho.
—No te preocupes. Llamaré a mi primo después y le pediré ayuda. No mostraremos a Fernando ni una pizca de piedad.
—Ve —dijo Vico con satisfacción—. Termina esto y mañana te llevaré al juego entre la Familia Mendoza y la Familia Solís y te presentaré a unos amigos de Durban.
—Muchas gracias, Señor Vico. Haré que Fernando pida clemencia de rodillas.
Mateo estaba encantado. Tenía una vaga idea del tipo de amigos de Durban que Vico quería que conociera.
Sin que ellos lo supieran, la información que habían descubierto sobre Fernando había sido alterada a instancias personales de Jeremías.
Incluso su amistad con la Familia Mendoza se había mantenido oculta.
Fernando seguía sin saber que Vico lo había investigado y, en ese momento, incluso estaba urdiendo un plan para vengarse.
Tras comprar algunas frutas y suplementos, llegó a la zona residencial donde estaba la casa alquilada de Josefina.
Juana y Carel se alojaban en casa de Josefina, ya que la antigua casa había sido demolida.
—Creía que sólo venías a cenar —lo saludó Carel con una sonrisa tras abrirle la puerta y hacerle señas para que entrara.
—Hola, Fer. —Juana se acercó a darle la bienvenida.
Josefina, por su parte, estaba ocupada en la cocina.

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