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Médico Supremo romance Capítulo 35

Ahora que los invitados de honor habían llegado, la mayoría del grupo siguió a Xenia para darles la bienvenida, dejando solo a Nancy y a otros atrás. Al ver a un grupo de estudiantes adulando a aquellos con poder, Fernando no sabía si apreciar su actitud realista hacia la vida o lamentar sus acciones. Dándole un tirón a Fernando, Rosario susurró:

—Fer, deberíamos ir también. El hermano de Amelia Romero, Dámaso, es líder de equipo en el departamento de ventas del Grupo Pentagón. Ella dice que su hermano puede conseguirme una pasantía en la empresa. Si puedo ganar experiencia trabajando allí, conseguir un trabajo después de graduarme será más fácil. De hecho, sería fantástico si me ofrecieran un puesto a tiempo completo.

Rosario nunca se habría rebajado a adular a nadie por el bien de su futuro antes. Su experiencia en casa durante los últimos años le había enseñado un par de cosas sobre la realidad de la vida. Sintiéndose mal por ella, Fernando le tomó la mano.

—Rosy, mientras yo esté aquí, no tienes que adular a nadie. Yo me encargaré de tus arreglos para la pasantía cuando llegue el momento.

Podía conseguir que la Familia Mejía le proporcionara una oportunidad. Pensando que sus palabras hirieron el orgullo de Fernando, Rosario se apresuró a aclarar:

—Fer, eso no es lo que quise decir.

—Lo sé. No tienes que explicar.

Mientras tanto, detrás del Mercedes-Benz Clase S, llegó un Mercedes-Benz Clase C. Cuando se abrieron las puertas del Mercedes-Benz Clase S, un joven de unos veinticinco años salió. Ignorando a Xenia y a los demás que se acercaron a saludarlo, caminó hasta el asiento del copiloto y abrió la puerta.

—Ya estamos aquí, cariño.

Una mujer regordeta a finales de sus treinta bajó del auto. La escena fue tan impactante que Xenia se quedó boquiabierta. El hombre era el hermano de Amelia, Dámaso. Xenia lo había visto más de una vez y, de hecho, tenía intenciones de seducirlo debido a su éxito. Pero, cuando lo escuchó decirle «cariño» a una mujer mayor, se quedó atónita.

—Lamento haberlos hecho esperar. Pasé a recoger mi auto antes de venir.

Una chica de aspecto común con mucho maquillaje y un atuendo revelador salió del Mercedes-Benz Clase C. De pie junto al auto, estaba mostrándolo a propósito a pesar de pretender no hacerlo. Los ojos de Xenia brillaron mientras se acercaba.

—Amelia, ¿este es tu auto?

—¡Eres increíble! Ya estás conduciendo un Mercedes-Benz, aunque solo estamos en nuestro tercer año.

—Reconozco este modelo. Costó alrededor de cuatrocientos mil.

La sorpresa en los rostros de Xenia y sus compañeros llenó a Amelia de satisfacción. Sin embargo, actuó como si no fuera gran cosa.

—Por supuesto, no puedo permitirme el auto. Mi hermano y su novia lo compraron para mí teniendo en cuenta que necesitaré un auto para mi pasantía pronto. —Al acercarse los dos, ella se quedó en medio de los dos—. Por cierto, este es mi hermano, Dámaso. Estoy segura de que algunos de ustedes lo conocieron antes. Y esta es su novia, Jésica Aburto, la vicepresidenta del departamento de ventas del Grupo Pentagón. Ella ha conseguido una pasantía para mí en su empresa. Empezaré a trabajar la próxima semana.

Hace un momento, algunos de ellos despreciaban a Dámaso por ser un mantenido. Sin embargo, descartaron ese pensamiento al conocer la posición de Jésica en el Grupo Pentagón. Algunos de los chicos del grupo sentían envidia de él. Todos comenzaron a adular a la pareja. A diferencia de Dámaso, que sonreía en respuesta, Jésica mantenía una mirada arrogante y solo asentía para reconocer los halagos que les llovían.

Mientras tanto, Amelia sintió orgullo cuando vio cómo sus compañeros de clase se esforzaban por agradarles a su hermano y su novia. Rosario y Fernando se encontraban detrás de la multitud, y los ojos de Amelia brillaron al acercarse a ellos.

—Rosy, este es tu hermano, ¿verdad? Me pregunto qué regalo de cumpleaños ha preparado para ti. Estoy segura de que será mejor que mi Mercedes-Benz, ¿verdad?

Cuando Fernando notó un destello helado en los ojos de Amelia, supo al instante que ella tenía intenciones hostiles hacia Rosario.

«De lo contrario, ¿por qué le haría a Rosario tal pregunta en público a pesar de conocer la situación de su familia? Amelia está tratando de avergonzar a Rosario, incluso intenta humillarme a mí también».

Miradas traviesas comenzaron a aparecer en los rostros de Xenia y los demás. Ellos eran conscientes del resentimiento que Amelia sentía hacia Rosario. La simple razón era que Rosario era una de las bellezas del campus de la Universidad de Ciudad Jade y también era popular en la escuela. Además, el chico que le gustaba a Amelia perseguía a Rosario.

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